Liceo República de Brasil

 

 

 

 

 

  Tras la huella de Ernesto Che Guevara

 


«He nacido en la Argentina; no es un secreto para nadie. Soy cubano y también soy argentino y, si no se ofenden las ilustrísimas señorías de Latinoamérica, me siento tan patriota de Latinoamérica, de cualquier país de Latinoamérica, que en el momento en que fuera necesario, estaría dispuesto a entregar mi vida por la liberación de cualquiera de los países de Latinoamérica, sin pedirle nada a nadie, sin exigir nada, sin explotar a nadie» (Fragmento del discurso ante la ONU, 1964).

 

 

Los revolucionarios de América Latina y de todo el mundo no recibirán más mensajes como éste –recordemos, uno de ellos fue la proclama de la Tricontinental: “…si dos, tres, muchos Vietnam florecieran en la superficie del globo...”– porque el hombre que lo escribió, el comandante Che Guevara, está muerto. Cayó herido en la lucha, “en una de las tantas que emprendió”. Después lo asesinaron, descuartizaron su cadáver, lo enterraron y luego lo desenterraron, para quemarlo y volverlo a enterrar. Finalmente lo desaparecieron. Rompieron el complejo equilibrio de los minerales que permanecían unidos en su cuerpo. Ese peculiar ejemplo, esa particular iniciativa ha cesado de existir, ese hombre con “su nombre y su apellido” podía responder a las exigencias concretas de los movimientos revolucionarios latinoamericanos y ellos lo convirtieron en el personaje histórico del Che Guevara.

 

Ernesto Guevara está muerto y su muerte debilita la revolución. “Quién podría negar el golpe que significa para el movimiento revolucionario la muerte del comandante Guevara, el hecho de no poder contar más con su experiencia, su inspiración, con la fuerza de su prestigio, que infundían miedo en los reaccionarios. Ha sido un golpe muy duro...” Ha sido un golpe muy duro contra la revolución. Lo es, pero únicamente en la medida en que los disparos del imperialismo contra el cuerpo del comandante Guevara pudieran destruir la vida histórica del Che. Creer que eso fue realmente posible, que lo han logrado, “creer que con su existencia física han eliminado sus pensamientos, sus ideas, su moral, su ejemplo”, es un error del enemigo imperialista. La muerte del comandante Guevara confronta una vez más la razón dialéctica con la razón burguesa, en la que sólo existe una única empresa humana, en la que sólo caben materiales naturales y pasivos. Sólo ese aparato apologético, explicativo puede considerar la muerte de un hombre como la destrucción total de la fuente puntual de energía, como la total detención de los mecanismos que conservan su impulso. Para el imperialismo y sus representantes locales, que se sirven de esa razón analítica sin siquiera saberlo, el episodio revolucionario que inició en Ñancahuazú sólo es comprensible como un complot organizado por el médico argentino Ernesto Guevara. Ellos se jactan de haber matado a ese “agente comunista”, se enorgullecen de haber acabado con la fuente de subversión. A diferencia de esa razón mecánica, para la razón dialéctica del proletariado revolucionario –que concibe la actividad individual esencialmente en relación con la materialidad mediadora de las fuerzas productivas y con la dinámica autónoma que socializa cada acción humana– la muerte de un individuo cobra sentido en virtud tanto de la función que ejerce como persona en el proyecto social con el que colabora, como de la relevancia que tiene el móvil de su muerte para las posibilidades materiales de realización de tal proyecto. Para los revolucionarios comunistas de América Latina, que reinventan la teoría marxista conscientemente y por necesidad práctica, la pérdida del comandante Che Guevara no cancela la influencia que su persona ejerce en el corazón del movimiento revolucionario, sino que la transforma, la materializa. En todo caso, las circunstancias de su muerte no invalidan la obra revolucionaria que él contribuyó a dirigir (la formación de un frente popular anticapitalista y antiimperialista, un frente de liberación continental), sino que la confirman. Para los comunistas revolucionarios de América Latina, la muerte del comandante es un “golpe fortuito” del enemigo imperialista, una “ventaja casual” al comienzo de la guerra (“casual” porque no aprovecha ninguna debilidad especifica de la guerrilla). Para ellos, la actualidad histórica del Che persiste más allá de su presencia física: los mercenarios del imperialismo le apuntaron a la primera, pero sus disparos alcanzaron únicamente a la segunda. El Che sigue presente y los hace víctimas de su última y más grande ironía. Sobre cada muro de las ciudades y en cada cerca de los pueblos de América Latina, la gente pinta en letras rojas: “El Che vive”. Y quienes lo pintan no creen más que en la vida terrenal y material. ¿A qué “vida” se refieren? ¿Cómo puede el Che “vivir” después de su muerte?

 

“Del Che no se podrá hablar nunca en pasado”, dijo Fidel. La actualidad histórica de su persona permanece en el movimiento revolucionario latinoamericano. La actividad del Che fue cesada en su desarrollo individual, pero sigue vigente en la colectividad proletaria, sigue siendo efectiva tanto en la obra revolucionaria como en el propio sujeto de la revolución: en la primera como eficiencia de todos los instrumentos revolucionarios –teóricos y prácticos por igual–, en cuya construcción tiene una función de primer orden; en la segunda, como elemento que cristaliza la confianza del pueblo sobre en sus propias capacidades revolucionarias, como ejemplo, como muestra o modelo de la posibilidad de ser un revolucionario, como reto de la voluntad revolucionaria.

 

¿Cuál es su actualidad en la obra revolucionaria? En los últimos años, muchos focos guerrilleros latinoamericanos fueron derrotadas; a otros no los han vencido y se hacen más poderosos, aunque también tuvieron que enfrentar grandes dificultades, y los triunfos que han conseguido en el terreno militar no son tan grandes como se esperaba. Sin embargo, los imperialistas no se han atrevido ni una sola vez a declarar vencido el movimiento guerrillero. Por el contrario, se habla sobre la guerrilla como una permanente amenaza que pende sobre el continente. Se espera que reaparezca en el momento y el lugar menos esperados. Las fuerzas de la represión se preparan. Con razón, pues la revolución latinoamericana pronto habrá aprendido las lecciones de su propio 1905.

 

Los revolucionarios latinoamericanos han intentado guiar la guerrilla, pero los dolorosos fracasos les enseñaron que se trata de un instrumento cuyas posibilidades presuponen algo más que iniciativa y coraje. Leyeron en el Che que la guerra de guerrillas no es una receta, sino un método, y por ello se debe entender cómo desplegarla y realizarla. Redescubrieron a ese Che cuya validez crece y se profundiza. Antes sólo lo citaban; hoy, en cambio, lo piensan. Piensan a partir de él, de los principios de su acción, de los puntos de ruptura, de los pensamientos que le dieron origen. En éstos perdura la actualidad objetiva del Che, cuya validez muestran y desarrollan.

 

La teoría de la guerrilla latinoamericana, que inició con el Che, parte de una constatación: “En América Latina están dadas las condiciones objetivas para la revolución social”. Inicialmente esa afirmación no fue resultado de una “investigación científica”. Por ello se limita a expresar una experiencia histórica: la de la revolución cubana que sin haberse propuesto desde el inicio realizar transformaciones socialistas, descubrió que no sólo era posible, sino también necesario para lograr los fines democráticos, nacionales e igualitarios que al inicio se habían planteado para responder a las reivindicaciones económicas, sociales y políticas de la clase en la que se había apoyado a lo largo de su lucha. La exclamación “¡En América Latina es posible la revolución socialista!” la hizo alguien que aprehendió este hecho en la praxis, no alguien que lo dedujo repentinamente. Sin embargo, en el contexto político de América Latina, ese descubrimiento fue el inicio de la “revolución en la revolución”. Esta lección, que el Che extrae de la revolución cubana, lleva implícita una crítica radical a la línea del partido, que pretendía luchar por “la revolución y el socialismo”. Demuestra que la acción revolucionaria ya traspasó los estrechos límites en los que estaba encerrada la teoría de la revolución. Toma en cuenta las fuerzas sociales y posibilidades políticas que el partido tendría que haber considerado si interpretara y expresara los intereses de clase que dice representar.

 

La actualidad política del Che –del personaje histórico que la revolución cubana hizo de Ernesto Guevara– descansa en la validez de su radical reformulación de la estrategia revolucionaria latinoamericana, que siempre tuvo la tendencia socialista del movimiento popular continental. Se trata de una reformulación que cuestiona su postulado central y así reorienta la postura de facto de la política comunista tradicional: “La idea de la revolución proletaria deberá retomarse en un etapa posterior de la historia de América Latina; las perspectivas inmediatas son las de una transformación antifeudal y antiimperialista; las fuerzas populares deben trabajar junto con la burguesía para consolidar la vida democrática, defender los intereses económicos y políticos de la clase trabajadora y preparar las condiciones de una verdadera revolución socialista”. La afirmación central de la teoría guerrillera cuestiona ciertos presupuestos teóricos de primer orden, presentados como desarrollos “ortodoxos” y creativos del socialismo científico.

 

 Al intentar definir el carácter socialista de la revolución latinoamericana, la política de la guerrilla debe presentar nuevas soluciones para un conjunto de cuestiones estratégicas fundamentales. ¿Cuál es el terreno propicio para llevar a cabo una primera etapa de la revolución armada en América Latina? ¿Cuál es el mayor enemigo de los intereses revolucionarios del proletariado latinoamericano? ¿Cuál es el enemigo inmediato? ¿Cuáles son los posibles aliados del movimiento revolucionario? ¿Qué duración y qué características es probables que tenga la lucha revolucionaria en América Latina? ¿Cómo se debe preparar el uso de la fuerza revolucionaria para el futuro? Estas cuestiones implican al mismo tiempo algunas características teóricas generales: ¿Qué relación existe entre la explotación neocolonial de la economía nacional a través de la economía de las metrópolis y la explotación local de los trabajadores a través de la clase “nacional” gobernante? ¿Cómo se puede determinar qué es una clase en el contexto neocolonial en América Latina? ¿Cómo se distribuyen entre las clases latinoamericanas las funciones revolucionarias y contrarrevolucionarias, determinadas por la estructura económica neocolonial? ¿Qué relación existe en la situación latinoamericana entre la lucha revolucionaria local y las luchas de liberación nacional? ¿Qué relación existe entre la lucha revolucionaria local, la continental y la lucha revolucionaria internacional? Sólo una teoría del imperialismo como estructura que opera a nivel mundial, y no como una característica externa e inesencial de la forma de producción nacional capitalista, será capaz de responder, en un sentido científico y marxista, las preguntas que ha planteado la teoría de la guerrilla latinoamericana. Múltiples aspectos de la teoría han sido ya aclarados y el Che ha contribuido a ello no sólo con la efectividad de su pensamiento crítico, sino también con la formulación de algunos argumentos decisivos: “En la América subdesarrollada, el campo debe ser el terreno primordial para la lucha armada”. “La clase trabajadora del campo es la fuerza más revolucionaria”, por la situación social explosiva en la cual se encuentra. Porque en el campo se hace más fuerte e intensa la alianza entre los explotadores locales y los extranjeros. “La clase trabajadora del campo construye el gran frente de liberación del futuro.” Los burgueses nacionalistas no serán capaces de pelear contra el imperialismo porque permanecen indisolublemente unidos a él: “Aquellos correrán la misma suerte que éste.” Estas afirmaciones centrales del Che –matizadas, ampliadas y sistematizadas– han llegado a formar parte de la nueva teoría que están desarrollando los comunistas revolucionarios en América Latina, en colaboración, aunque todavía no tan estrecha como sería deseable, con sus camaradas de las ciudades. Cuando estas afirmaciones se integran en la propuesta crítica de la teoría guerrillera en contra de los postulados de la vieja estrategia comunista, se muestra que la tesis reformista –que afirma que la historia de América Latina se encuentra entre la edad media y la época burguesa porque su subdesarrollo proviene del dualismo de su forma de producción, es decir, de su carácter feudal y burgués; que su clase trabajadora “todavía no se ha conformado plenamente”; que los intereses de la burguesía nacional son antiimperialistas, y que la perspectiva revolucionaria planeada se completa con la revolución democrática burguesa– es falsa e implica una subordinación del marxismo a la ideología liberal burguesa. América Latina no puede entrar en una época burguesa, porque se encuentra en ella desde la colonia ibérica, y su subdesarrollo no proviene de su permanencia en un modo de producción precapitalista, ni tampoco de la falta de madurez de su capitalismo nativo, sino de la deformación estructural de su economía colonial y neocolonial, que es la causa de su orientación funcional hacia el exterior, subordinada y especializada, impuesta a través del desarrollo del capitalismo de la metrópoli y del sistema autodestructivo de la producción imperialista. Dada la función dependiente del modo de producción, que la burguesía nacional posee y controla a medias, los intereses de ésta coinciden en lo esencial –y la revolución es “esencial”– con los intereses de la burguesía extranjera monopolista.

 

El proletariado latinoamericano no se puede describir como una copia incompleta del proletariado europeo del siglo pasado. Su función revolucionaria se concentrará en el campo (aunque en algunos casos se encontrará sobre todo en las ciudades), allí donde el desperdicio de la fuerza productiva humana hunde la posibilidad de desarrollo de la economía neocolonial; las repúblicas latinoamericanas oligárquicas y dependientes son el resultado mil veces perfeccionado de la frustración de la “revolución democrática” burguesa de hace ya cientos de años. La perspectiva del movimiento popular latinoamericano no puede ser otra que la revolución social.


La nueva teoría del imperialismo parte de la experiencia crítica (es decir, no de la asignatura de las “ciencias sociales”, sino de las lecciones de una revolución antiimperialista), formulada históricamente por el Che Guevara. Se desarrolla impulsada por las necesidades teóricas de la revolución mundial coordinada, cuya posibilidad ya no parece ser cosa del próximo siglo.

 

“No siempre hay que esperar que todas las condiciones para la revolución estén dadas, el foco guerrillero las puede crear”. Esta es la segunda lección que extrajo el comandante Che Guevara de la revolución cubana. En ella se encuentra la actualidad objetiva del Che para los nuevos comunistas de América Latina: el leitmotiv de su praxis política como vanguardia revolucionaria. Así lo entiende sobre todo Fidel, cuando afirma que “el Che llevó la idea del marxismo-leninismo a su más fresca, razonable y revolucionaria expresión”.

 

 Afirmar que las condiciones de posibilidad de la revolución pueden ser construidas a través del mismo levantamiento revolucionario implica la necesidad de una “revolución en la revolución.” Significa interpretar la máxima leninista –introducir “la conciencia socialista en la lucha de los trabajadores” y “acelerar el proceso de la lucha de clases”– de una forma totalmente distinta a la de los partidos comunistas tradicionales. Significa confrontar la línea tradicional del comunismo con una estrategia revolucionaria de perspectivas y tareas totalmente nuevas. Significa exigir al partido comunista propio y a cada uno de sus integrantes que se transformen radicalmente o que dejen el camino libre para conformar un nuevo partido y luchadores adecuados a las nuevas necesidades de la lucha política, totalmente distintas de las reconocidas hasta ahora. La política reformista, legalista y dependiente del pseudocomunismo latinoamericano –basado en los supuestos de que el proletariado todavía no ha madurado y que ha de esperarse el turno de la “burguesía nacional”– ha consistido principalmente en defender los derechos de los trabajadores por la vía parlamentaria y “cuidar” la conciencia socialista mediante la propaganda discursiva y la lucha sindical. La estrategia guerrillera rompe completamente con ello. Basándose en la experiencia de que existe una nueva forma del proletariado en América Latina, cuya madurez tiene que ser conquistada y no esperada, y de que la revolución social es posible y necesaria, esta estrategia dirige las fuerzas revolucionarias con una política del levantamiento armado que supera en amplitud y profundidad a la política “comunista” tradicional y que asigna nuevas funciones a las tareas válidas que se había propuesto. A diferencia del método importado, consolidado y abstracto de una “política de masas”, sin ninguna posibilidad ni independencia de objetivos, la estrategia de la guerrilla actualiza la tradición de lucha bolchevique y ofrece en palabras concretas respuestas claras a las tareas planteadas por el leninismo, así como un método más adecuado para dirigir y desarrollar la “conciencia socialista” en la lucha del proletariado.

 

El socialismo científico no es un fruto espontáneo o “natural” del proletariado. Es, por el contrario, el producto, mediado por su acción histórica, de “la disolución práctica del orden burgués del mundo” (Marx). Su actualidad crítica carcome el aparato cultural de la clase burguesa, y la intensificación que suscita proletariza la parte más consecuente de la casta intelectual, que tiene la tarea de mantener intacta la sociedad burguesa. El socialismo científico es resultado tanto de la proletarización de algunos intelectuales burgueses, como de la enorme labor que realizan para reorientar la forma de trabajo del aparato científico contra el fin ideológico para el que fue construido y en el que funciona casi automáticamente. Lo mismo ocurre con el socialismo político, cuyos portadores son los miembros más importantes del foco rebelde incial. La vida del comandante Guevara es un ejemplo sobresaliente. La rebeldía, el romanticismo (en un sentido estricto, no en el de una novela banal) y la aventura –el pecado original, según la opinión de los pseudocomunistas– que caracterizan su juventud fueron resultado de una proletarización ética. Fueron así mismo el resultado del fracaso general de un sistema de hábitos políticos y sociales –los de esa clase gobernante y opresora que neutraliza su fracaso en una vida provinciana y mediocre en nuestros países neocoloniales– y del intento del joven Guevara, distinguido miembro de la pequeña aristocracia, de volverse contra ese sistema y de buscar en sí mismo aquel hombre legendario de las pampas y de las cordilleras de América que vislumbró en sí y en los otros que eran como él. El comunista Che Guevara se forma practicando la rebelión en Perú, en Guatemala, en México. La revolución cubana es la culminación de ese proceso: ella lo nombró comandante revolucionario y construyó con él la persona del Che.

 

El socialismo llega al proletariado desde afuera, en los elementos proletarizantes que la sociedad burguesa mantiene mayormente en secreto. Pero sólo el proletariado dispone de un “instinto de clase” capaz de hacer del socialismo una fuerza productiva: la conciencia revolucionaria. La primera y más importante labor que plantea la estrategia de la guerrilla es despertar una fuerza productiva, catalizar la cristalización de la conciencia revolucionaria.

 

 Se trata de convencer, de dirigirse al proletariado y llegar a ser escuchado, de “formar a las masas en el socialismo”. La guerrilla habla a su manera, y su palabra, a diferencia de la de todos los otros, es clara: habla sobre todo el lenguaje de la violencia, su discurso es la acción armada contra el enemigo. Para la guerrilla la propaganda discursiva es algo esencial, pero llega más tarde, cuando ya pueda caer en tierra fértil.

 

 Los comunistas revolucionarios han aprendido del materialismo histórico que el discurso sobre el escenario de la lucha de clases es algo más que intercambio de palabras, panfletos o insultos; que todas las instituciones sociales, entre ellas la lengua hablada, forman un sistema significativo, estructurado en un sólo sentido, el de la apología del sistema de relaciones de producción que representa y de la clase que creó esas relaciones y las mantiene intactas; y que si se realiza un acto totalmente negativo para el orden social vigente, basta con que sea reconocida la validez del sistema institucional para que el intento fracase y se encasille en una apología general. Los comunistas revolucionarios saben que el sistema ideológico de las instituciones burguesas se sustenta en la represión violenta del proyecto social comunista, al que tienden las fuerzas productivas y que se concentra en los intereses de la clase trabajadora. Saben que la violencia reaccionaria se muestra de múltiples maneras y con distinta intensidad; ven que el argumento de la violencia es el único capaz de detener los efectos destructivos de las instituciones imperialistas burguesas sobre el proletariado en los países oprimidos. Concluyen que la violencia revolucionaria es el único contraargumento que al destruir la sociedad burguesa puede convencerla de su ineficacia histórica.

 

La violencia revolucionaria del foco guerrillero es lo que produce las condiciones subjetivas de la revolución y la convierte en “el pequeño motor” que pone en movimiento “el gran motor” de las masas. La violencia revolucionaria convierte las acciones militares de la guerrilla en acciones políticas: primero, porque al provocar la intervención de las fuerzas represivas la guerrilla pone en evidencia que la violencia reaccionaria es el fundamento del orden neocolonial; segundo, porque al repudiar decididamente el espejo “democrático”, la legalidad y la aceptación nacional de la república neocolonial, la presencia física de la guerrilla le brinda al pueblo una alternativa política, social y nacional, en la que el pueblo puede proyectar su existencia especifica como negación del sistema; tercero, porque al provocarle derrotas a las fuerzas militares neocoloniales, la guerrilla muestra al pueblo que la alternativa es viable, que hay posibilidades para triunfar y para construir una sociedad justa. Con la ayuda del pueblo la guerrilla pone de manifiesto estas tres verdades, que transforman completamente su instinto revolucionario en una decisión consciente de luchar. Éste es el primer paso, el esencial. Con él aparece aquella fuerza productiva que el Che considera, por encima cualquier otra, la condición necesaria de la revolución, antes y después de la toma del poder: la conciencia revolucionaria del proletariado. La revolución social en América Latina es posible y necesaria. Están dadas las condiciones determinadas de la revolución que se pueden generar a través del levantamiento mismo. En el marco de la praxis y de la teoría del movimiento revolucionario latinoamericano, estas dos afirmaciones conforman un programa político completo. En él, en su realización, la actualidad del Che sigue vigente. Pero también como institución revolucionaria. En la obra revolucionaria de Cuba podrá reconocerse en todas partes al Che, se puede encontrar sobre todo en la forma de comunismo que construye el pueblo cubano. “Para construir el comunismo”, escribe el Che, “se debe construir con la base material al mismo tiempo al hombre nuevo”. En Cuba, de acuerdo con esa indicación, la condición actual del hombre nuevo es la del revolucionario internacional.

 

Extracto del libro Ernesto Che Guevara: Hasta la victoria, siempre - Bolivar Echeverría

 

 


 

 

 

Ernesto Che Guevara fue uno de los líderes políticos más influyentes de su época, convirtiéndose en el emblema del revolucionario latinoamericano. Sin embargo, su figura siempre ha generado enorme controversia. Si bien por un lado su actitud salvaje y romántica lo convierte en un ejemplo de rebeldía antisistema y de total entrega a los ideales socialistas, por otro lado, se pone en tela de juicio el uso de la lucha armada como método de liberación.

 

Biografía del Che Guevara

 

«He nacido en la Argentina; no es un secreto para nadie. Soy cubano y también soy argentino y, si no se ofenden las ilustrísimas señorías de Latinoamérica, me siento tan patriota de Latinoamérica, de cualquier país de Latinoamérica, que en el momento en que fuera necesario, estaría dispuesto a entregar mi vida por la liberación de cualquiera de los países de Latinoamérica, sin pedirle nada a nadie, sin exigir nada, sin explotar a nadie.» (Fragmento del discurso ante la ONU, 1964)

 

Ernesto Guevara nació circunstancialmente en la ciudad argentina de Rosario el 14 de junio de 1928, trasladándose a las pocas semanas a la casa oficial de la familia en Buenos Aires. Sus padres, Ernesto Guevara Lynch y Celia de la Serna, eran de origen aristocrático y juntos tuvieron otros cuatro hijos. Desde chico, el pequeño Ernesto sufría ataques de asma y, por recomendación médica, en 1932 la familia se mudó a las sierras de la provincia de Córdoba.

Gran parte de su educación primaria se desarrolló en su hogar, de las manos de su madre. En la biblioteca de la familia, encontró obras de Marx, Engels y Lenin, con los que se familiarizó en su adolescencia. En 1948, Ernesto Guevara entró a la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, motivado en primer lugar por su propia enfermedad y luego desarrollando un especial interés por la lepra.

 

En 1952, emprendió una jornada de siete meses con el amigo Alberto Granado, recorriendo el sur de Argentina, Chile, Perú, Colombia y Venezuela. El viaje incluyó visitas a minas de cobre, poblados indígenas y leproserías, representando una vivencia íntima y profunda de las desgracias padecidas por los pueblos de la región, las que Ernesto atribuía sobre todo a la omnipresencia del imperialismo norteamericano.

 

Regresó a Buenos Aires decidido a terminar la carrera y en abril de 1953 recibió el título de médico. En julio del mismo año inició su segundo viaje por América Latina, el que lo llevó a Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Panamá, Costa Rica, El Salvador y Guatemala, donde se terminó instalando por algunos meses. A cada paso, Ernesto Guevara iba reafirmando su mente revolucionaria y antiimperialista, a la vez que empezaba a tomar parte en diversos movimientos contestatarios.

 

En Guatemala conoció a Hilda Gadea, con quien contrajo matrimonio y de cuya unión nació su primera hija. En esa época, recibió el sobrenombre “Che” debido al uso frecuente de ese vocativo característico de la Argentina.

 

Convencido de que la revolución era la única solución posible para eliminar las injusticias sociales existentes en Latinoamérica, en 1954 Ernesto Che Guevara se marchó rumbo a México. Allí, se unió al movimiento integrado por revolucionarios cubanos seguidores de Fidel Castro, incluyendo a su hermano Raúl Castro y a los guerrilleros Camilo Cienfuegos y Juan Almeida.

 

En 1958, Fidel y los guerrilleros invadieron Cuba. El Che los acompañó, primero como doctor y luego asumiendo el mando del ejército revolucionario. El 1 de enero de 1959, las tropas rebeldes derrocaron el régimen del dictador pro Estados Unidos Fulgencio Batista. Fue el triunfo de la Revolución Cubana y el inicio de una nueva era para la isla.

 

Desde ese entonces, Ernesto Che Guevara recibió la nacionalidad cubana y se convirtió en la mano derecha de Fidel Castro en el nuevo gobierno de Cuba. Fue nombrado Presidente del Banco Nacional y posteriormente Ministro de Industria. Desempeñaba simultáneamente otras tareas múltiples, de carácter militar, político y diplomático.

 

En 1959 se casó, en segundas nupcias, con su compañera de lucha Aleida March, con quien tuvo otros cuatro hijos. Visitaron juntos varios países comunistas de Europa Oriental y Asia.

 

Opuesto enérgicamente a la influencia estadounidense en el Tercer Mundo, la presencia de Che Guevara fue decisiva en la configuración del régimen de Fidel y en el acercamiento cubano al bloque comunista, abandonando los tradicionales lazos que habían unido a Cuba con los Estados Unidos. «Toda nuestra acción es un grito de guerra contra el imperialismo y un clamor por la unidad de los pueblos contra el gran enemigo del género humano: los Estados Unidos de Norteamérica; pero el pueblo norteamericano no es culpable de la barbarie y de la injusticia de sus gobernantes, sino que también es víctima inocente de la ira de todos los pueblos del mundo, que se confunden a veces sistema social con pueblo.»

 

En 1962, tras una conferencia en Uruguay, el Che volvió a la Argentina y también visitó Brasil. Luego viajó a diversos países africanos. En el Congo, se unió a la lucha de los revolucionarios antibelgas, llevando una fuerza de 120 cubanos. Tras diversas batallas, terminaron derrotados en 1965. A partir de ese entonces, fue relevado de sus cargos en el Estado cubano y dejó de aparecer en actividades públicas.

 

Al año siguiente, Ernesto Che Guevara preparó una misión secreta en Bolivia con la ilusión de trasladar al resto de América Latina, en especial a la Argentina, la experiencia de la revolución socialista cubana. El intento finalmente se frustró, resultando en su captura por el ejército boliviano en colaboración con la CIA. Fue ejecutado el fatídico 9 de octubre de 1967, a los 39 años. Su cadáver permaneció oculto por tres décadas, y en 1997 fue localizado y trasladado a Cuba para ser enterrado en un gran mausoleo.

 

Pensamiento del Che Guevara

 

Ernesto Che Guevara fue ante todo un revolucionario práctico, pero además pudo desarrollar distintas teorías acerca de la revolución social que pretendía llevar a los países del Tercer Mundo. Sus ideas se hallan expuestas en libros y escritos como “La guerra de guerrillas” (1960), “El socialismo y el hombre en Cuba” (1965) y “Mensaje a los pueblos del mundo” (1967), aunque la mayoría de sus textos permanecen inéditos. Del diario que fue escribiendo durante toda su vida, se publicó póstumamente la parte referente a la guerrilla boliviana: “Diario del Che en Bolivia” (1968).

 

El pensamiento del Che Guevara se basó en las premisas fundamentales del marxismo-leninismo, a la vez que aportó una contribución teórica original. Otorgaba un rol fundamental a la lucha armada, considerándola la única vía posible para liberar los pueblos de la opresión capitalista-imperialista. Asimismo, creía que un pequeño foco guerrillero era capaz de generar las condiciones necesarias para desencadenar una gran insurrección popular. Además, reconocía un vínculo estrecho entre la guerrilla, los campesinos y la reforma agraria. Esta posición lo diferenció del socialismo soviético, más volcado a la clase obrera industrial, y lo acercó al maoísmo.

 

Por otro lado, el pensamiento filosófico del Che rescataba valores como el amor a los pueblos y a la humanidad. En ese aspecto, elaboró el concepto de “hombre nuevo”, al que veía como un individuo fuertemente movido por una ética personal que lo impulsa a la solidaridad y al bien común sin necesidad de incentivos materiales.

 

Las ideas de Ernesto Che Guevara han tenido una profunda influencia en movimientos sociales, sindicales y de liberación de todo el mundo, incluyendo el Mayo Francés de 1968 y las guerrillas de izquierda en Latinoamérica.

 

 

El legado del Che Guevara cincuenta años después de su muerte
Jorge G. Castañeda 

 

Ernesto Che Guevara murió hace cincuenta años en las tierras agrestes de Bolivia, cerca de Vallegrande. Fue capturado en Quebrada del Yuro, un barranco árido cercano al pueblo de La Higuera, donde pasó su última noche en una pequeña escuela, que aún sigue ahí. A la mañana siguiente fue ejecutado por órdenes del presidente boliviano y el oficial de la CIA que estuvo presente durante su interrogatorio. Su cuerpo fue llevado en avión a Vallegrande, donde se exhibió a la prensa. Ahí fue donde se tomó la icónica fotografía de un Guevara parecido a Jesucristo que se hizo famosa, junto con la que Alberto Korda le tomó en La Habana en 1960, en la que se le ve con su boina con una estrella. Aparece ahora en millones de camisetas y afiches en todo el mundo. Un mundo que él no reconocería.

 

Tampoco reconocería a Cuba, ni su propio simbolismo en América Latina y más allá. De hecho, el legado y la relevancia del Che, en términos de sus aspiraciones y logros, es casi inexistente. Aunque, paradójicamente, se convirtió en un símbolo de cambios históricos con los que no se identificaba y por los que no luchaba, y eso solo sucedió tras su muerte. Recordamos al Che mucho más por los acontecimientos trascendentales que tuvieron lugar menos de un año después de que muriera, cuando en 1968 cientos de miles de jóvenes tomaron las calles en decenas de capitales y universidades de todo el planeta y cambiaron la forma en la que viven ellos, sus hijos, y, hoy, los hijos de sus hijos.

 

El médico argentino defendió varias ideas y causas durante su vida. Todas fracasaron o se descartaron. Aunque inicialmente fue un ardiente defensor de la joven alianza de la Revolución Cubana con la Unión Soviética, posteriormente se convirtió en crítico del lugar fundamental que ocupaba Moscú en Cuba a mediados de los sesenta. Sin embargo, para julio de 1967, cuando el primer ministro Alexei Kosygin visitó La Habana, Fidel Castro había alineado su régimen de manera incondicional con la URSS. En agosto de 1968, Castro apoyó la invasión soviética de Checoslovaquia y el fin de la Primavera de Praga. De igual modo, el Che se opuso a la dependencia de Cuba de la caña de azúcar. Pero para 1970, Castro había comprometido a su país a producir diez millones de toneladas de azúcar para la Unión Soviética, lo cual trastocó la economía de la isla, pero no fue suficiente para lograr su meta.

 

El Che también luchó por la creación de un “nuevo hombre” bajo el socialismo en Cuba y contra los vicios del régimen anterior, centrados en el turismo, la prostitución y las apuestas. Poco sabía que no solo no habría ningún hombre nuevo en Cuba, sino que además casi sesenta años después de la revolución, el turismo seguiría siendo una de las principales fuentes de ingreso de la isla, continuaría la prostitución generalizada —que ha durado más de medio siglo a niveles que no distan mucho de los de la época de Batista—, ni que miles de cubanos tratan de abandonar la isla todos los días, a como dé lugar.

 

Sin embargo, el Che fue más conocido por buscar diseminar la Revolución Cubana. Intentó hacerlo como un observador y participante perspicaz y equivocado de lo que en realidad pasó en la Sierra Maestra: una revolución a punta de pistola. Predicó la lucha armada a cientos, si no es que miles, de jóvenes entusiastas en América Latina y África; dio su vida por ella, y ellos la suya. Hasta 1979 en Nicaragua, ninguno de los fuegos que él o Castro trataron de encender en la región sobrevivieron, mucho menos se avivaron. Los resultados no fueron las gloriosas instantáneas de los barbudos entrando a La Habana en enero de 1959, sino más bien golpes de Estado, tortura, desapariciones y miles de vidas de estudiantes que se perdieron en vano.

 

Cuando la izquierda por fin llegó al poder en varias naciones latinoamericanas, su camino y características no se parecieron en absoluto a la visión del Che. Hábiles líderes sindicales e indígenas, intelectuales carismáticos, militares conspiradores y alcaldes y legisladores persistentes lograron ascender poco a poco entre las filas de sus partidos políticos, sus sistemas electorales y los gobiernos de sus países.

 

Una vez en el cargo, tampoco gobernaron como el Che habría deseado. Eran todo menos revolucionarios idealistas: reformadores socialdemócratas, globalistas moderados, demagogos nacionalistas, parejas o dinastías corruptas, aspirantes a dictadores, algunos sacaron a millones de sus conciudadanos de la pobreza y la desigualdad, otros fortalecieron las instituciones democráticas con el tiempo, y unos cuantos sobrevivieron en el poder gracias a… los cubanos, mientras sumían a sus paisanos en la destitución y la violencia como en Venezuela.

 

Sin embargo, los millones de jóvenes de todo el mundo que visten la efigie del Che en su pecho son producto de lo que llegó a simbolizar. Los estudiantes que tomaron las calles en Berkeley y Riverside Heights, en Ciudad de México y la Ribera Izquierda de París, en Praga y Milán, apenas meses después de su muerte, ya llevaban afiches y pancartas del revolucionario martirizado. Ellos, a diferencia de él, sí cambiaron radicalmente el mundo, aunque no en la forma en la que habría esperado el revolucionario.

 

Su rebelión fue existencial, cultural, generacional y antibelicisita, y sentó las bases de las libertades de las que todos gozamos hoy, por lo menos en las naciones occidentales, América Latina y Asia. La libertad de las mujeres de usar sus cuerpos como mejor les parezca y luchar contra los innumerables abusos; la libertad de la gente de color de tener derecho al voto y combatir el racismo donde se presente; la libertad de los estudiantes universitarios de participar en el diseño y la ejecución de planes educativos; la posibilidad cada vez mayor de la gente con distintas orientaciones sexuales de salir de las sombras; la libertad de elección que todos tenemos para vivir nuestra sexualidad, amor y adultez: todas estas dichas de la vida en el siglo XXI de una forma u otra se derivan de aquellos años sesenta del siglo anterior.

 

Guevara se convirtió en un icono cultural, no uno político ni ideológico. El mundo de hoy es tremendamente mejor que aquel en el que creció la generación que lo precedió. Es mucho menos pobre, menos desigual y quizá, sorprendentemente para muchos, mucho más tolerante, diverso e ilustrado.

 

Entonces, ¿a cuál Che deberíamos recordar? ¿Al autócrata que ejecutó a cientos de colaboradores de Batista afuera de La Habana en 1959? ¿Al guerrillero desaliñado capturado en circunstancias humillantes en Bolivia? ¿Al icono de la rebeldía en todo el mundo? ¿O al icono reticente de la revolución cultural de 1968, a la que le debemos la vida que tenemos ahora? Él habría preferido que se le recordara como el revolucionario martirizado, pero aquellos que le sobreviven hoy no pueden sino agradecerle por convertirse en el icono cultural que es, incluso a pesar de sí mismo. Ese es su legado, relevancia y gloria.

 

Jorge G. Castañeda fue ministro de Relaciones Exteriores de México de 2000 a 2003, es profesor en la Universidad de Nueva York, miembro del consejo de Human Rights Watch y autor de "Compañero: vida y muerte del Che Guevara".

 

 

 

 

La Memoria del Mundo de la UNESCO
UNESCO: La vida y las obras de Ernesto Che Guevara son Patrimonio de la Humanidad

Hassan Dalband

 

«Nadie ignora que el Che es un símbolo universal, celebrado en los más diversos lugares y cantado en las más diversas lenguas. Su memoria se enciende y crece, porque ella encarna la energía de la dignidad humana, porfiadamente viva, mal que les pese a los indignos del mundo». [1]
Eduardo Galeano

 

En el mes de julio de 2013, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, UNESCO comenzó a investigar y seleccionar distintas obras de varias solicitudes de ser aceptados como el patrimonio de la humanidad. Esta instancia de la UNESCO se reunirá del 18 al 21 de junio en Gwangju (Corea del Sur) para estudiar las solicitudes de inscripción presentada por 54 países y una organización internacional. (Comité consultativo de ese programa de la UNESCO estudiara entre el 18 y el 21 de junio los documentos candidatos a la inscripción en el Registro Memoria de la Mundo). El Comité que examinará las 84 propuestas está integrado por 14 expertos en preservación del patrimonio documental nombrados a título personal por la directora General de la Organización, Irina Bokova. El registro de la Memoria del Mundo tiene 300 documentos y colecciones de los cinco continentes, las obras del Che están entre las 54 nuevas adiciones de 2013. El Registro Memoria del Mundo fue creado en 1997 para proteger elementos y obras importantes del patrimonio documental de la humanidad y su Comité se reúne cada dos años.

 

«El legado de Ernesto Che Guevara, mate­rializado en sus apuntes personales, cartas, diarios, foto­grafías, relatos, poemas y otros documentos históricos que conforman la Colección Documental Vida y Obra de Ernesto Che Guevara, 1928-1967, presentada para su inclusión en el Registro Mundial de la Memoria del Mundo de la UNESCO. » [2]

 

La UNESCO reconoció las obras de Ernesto «Che» Guevara y las incluye en: Memoria del Mundo, que se protege como patrimonio mundial. La familia de Ernesto Che Guevara (su viuda, su hija e hijo) encabezaba la ceremonia de la inclusión, que se celebró en La Habana, y con representantes del gobierno de Cuba.

 

Aleida Guevara, hija de Ernesto «Che» Guevara, subrayó en el acta de inclusión, celebrado en La Habana (la antigua comandancia del Che en la Fortaleza de La Cabaña en La Habana) que los textos, que serán preservados para las nuevas generaciones, brindarán la posibilidad de conocer a su padre no solo como dirigente, político y revolucionario sino también como ser humano, que sabía reír y amar.

 

En un discurso de agradecimiento a la UNESCO por Aleida Guevara, recordó que muchas veces se le han atribuido a su padre frases que él nunca pronunció, e insistió y defendió la historia y su legado. [3]

 

Hay que subrayar que en total son 1007 textos (documentos) de los cuales 431 manuscritos (textos) son propios del Che, es decir, los cuales realizó durante los años 1928-1967, como el Diario en Bolivia, el resto son trabajos, investigaciones, libros, artículos, documentales, fotos de otros autores sobre el legendario guerrillero argentino-cubano.

 

El Che trató, analizó, opinó, se preocupó, y luchó como ser solidario, revolucionario, internacionalista y socialista por un mundo mejor, lo que le convirtió en una persona universal, querida y símbolo de resistencia contra la injusticia social, la explotación del hombre por el hombre, la propiedad privada de los medios de producción, contra el capitalismo en su fase monopolista, es decir, contra el imperialismo.

 

En cualquier parte del mundo y en cualquier protesta social, obrera, campesina, estudiantil, por mejores condiciones de vida, mejores condiciones laborales, mejores escuelas, mejores viviendas, mejores condiciones alimentarias, un sistema de salud pública, gratuita y adecuada, contra el racismo, la burocracia, la corrupción, aparecen la foto y algunos textos de él en tales protestas, movimientos de resistencia contra el capitalismo.

 

Hay que subrayar que la UNESCO, como un organismo internacional importante que selecciona muy cuidadosamente los documentos de personalidades de fama mundial e importancia planetaria, en el contexto educativo, científico y cultural para guardar como la memoria de la humanidad. En el caso de Ernesto « Che » Guevara y la aceptación de sus obras críticas contra el capitalismo devastador y ejemplo revolucionario, rebelde y socialista de vida claramente se trata de un logro extraordinario si se analiza la resistencia y el rechazo de las clases dominantes capitalistas a nivel mundial e imperialismo estadounidense a esta selección en el Registro de la Memoria Mundial.

 

Según el investigador y estudioso marxista franco-brasileño, Michael Lowy, la personalidad de Ernesto « Che » Guevara contenía entre otros los siguientes aspectos : médico, humanista, economista, revolucionario marxista, teórico y estratega militar, periodista, embajador (de Cuba), agitador popular, líder guerrillero, ministro de la Industria en Cuba, Presidente del Banco nacional de Cuba, maestro en fusil y la pluma. [4]

 

A continuación presentamos algunos puntos, aspectos, temas y acontecimientos concretos y relevantes en el pensamiento y la práctica del Che entre 1955 y 1967, es decir, después de 12 años de amistad y hermandad entre el Che, Fidel Castro y el pueblo cubano, cuando participó activamente en la liberación nacional de Cuba, dirigida por el líder histórico y revolucionario cubano, Fidel Castro, sobre el Che después de su asesinato en Bolivia en 1967 por la Agencia Central de Inteligencia, la CIA (por sus siglas en inglés) de Estados Unidos, en su memoria en La Habana, el 18 de octubre de 1967. [5]

 

A continuación, presentamos la impresión y cómo el líder histórico de la Revolución Cubana, Fidel Castro vio al Che como un ente todo.

 

Fidel Castro es, sin duda alguna, el mejor conocedor del Che por razones obvias desde que el Che conoció a los revolucionarios cubanos en 1955 (en el mes de julio o agosto según Fidel Castro) en México, año en que se preparó la lucha armada para liberar a su país de la dictadura de Fulgencio Batista y del imperialismo estadounidense.

 

El líder histórico de la Revolución Cubana presenta a un ser humano, a un hombre, y a una persona de cualidades humanas extraordinarias, sobre todo, humanista, valiente, solidario, con mucha capacidad e internacionalismo:

 

1. El Che se relaciona y conoce a los revolucionarios jóvenes cubanos en julio o agosto de 1955 en México.

2. El Che se integró a la expedición del «Granma», el yate que trasladó a los revolucionarios cubanos bajo liderazgo de Fidel Castro a Cuba en 1956 para liberar a Cuba.

3. El Che era como un miembro de la familia cubana, del pueblo cubano, porque luchó enteramente por su liberación e independencia nacional. El Che es el más querido, el más admirado, el mejor ejemplo revolucionario, es un héroe para el pueblo cubano.

4. El Che era una persona que todos le tomaban afecto, cariño, y respeto por su sencillez, su compañerismo, su carácter, naturalidad y originalidad, aunque no se le conocían sus otros valores humanistas.

5.  Conocimos en primeros momentos al Che como el médico de nuestra tropa y de esta manera se desarrollaron los lazos y sentimientos.

6. El Che tenía un odio y desprecio profundo al imperialismo estadounidense, porque tenía una formación política avanzada y, sobre todo, había visto concretamente la intervención criminal imperialista en Guatemala que destruyó la revolución de este país.

7. El Che sabía y conocía que Cuba parecía y tenía condiciones similares que Guatemala, que en la Isla había hombres y mujeres revolucionarios y patrióticos que querían liberar a su nación del subdesarrollo, la dependencia y el capitalismo mediante una lucha armada contra el yugo del imperialismo estadounidense. Todo esto era suficiente para el Che a compartir tales posiciones. El Che se unió a nosotros revolucionarios cubanos un día a fines de noviembre de 1956 que marchamos hacia Cuba en la expedición «Granma». Le fue muy difícil aquella travesía porque ni siquiera pudo llevar sus medicinas para su asma y sufrió muy duro pero nunca se quejó. En los primeros combates que fueron muy duros, el «Che» demostró su capacidad militar como el más distinguido de los revolucionarios de la expedición y al mismo tiempo fue nuestro médico porque asistía, cuidaba y trataba a los compañeros heridos de los combates, pero también a los soldados enemigos heridos capturados que les salvó la vida y les incorporó a columna finalmente. De esta manera el Che demostró su capacidad como un jefe valiente y capaz en cumplir misiones difíciles sin esperar que le pidieran.

8. Uno de las características esenciales del Che en condiciones difíciles de combate, bajo el bombardeo enemigo, donde había perdido unos fusiles, se ofreció a salvar estos fusiles, era su disposición inmediata e instantánea a llevar a cabo misiones más peligrosas. Todo esto creaba nuestra doble admiración por un compañero que no había nacido en Cuba que luchaba junto a nosotros. El Che era un ser humano con ideas profundas y sueños por liberar el continente americano con una disposición permanente a hacer siempre las tareas más difíciles y arriesgar su propia vida constantemente. El Che ganó, a través, de tales cualidades humanistas y revolucionarias los grados de Comandante y jefe de la segunda columna en la Sierra Maestra. Así fue como el Che empezó a construir su prestigio y su fama como magnífico combatiente y revolucionario durante la guerra de liberación de Cuba.

9. El Che se distinguió por su preparación como un maestro de guerra de guerrilla y guerra revolucionaria en varias operaciones militares contra un ejército enemigo (batistiano) con mucho mejor armamento, y más soldados. El Che demostró su capacidad extraordinaria militar como en la batalla sobre Las Villas con Camilo, pero el mejor resultado fue cuando el Che con apenas 300 guerrilleros tomó la ciudad de Santa Clara, defendida por artillería, tanques y miles de soldados.

10. La importancia del Che en el contexto de la Humanidad es su ejemplo, su vida, sus obras, su amor al ser humano, al pueblo trabajador, y su lucha por la liberación entera de la Humanidad del yugo del imperialismo. El Che tenía fe en la Humanidad y dedicó toda su vida a apoyar a esta Humanidad. Como el Che con tales cualidades hay pocos hombres. Muchos pueblos del mundo tienen al Che como su ejemplo de liberación. El Che combatía con muy pocos guerrilleros revolucionarios a un enemigo poderoso, el imperialismo yanqui y las oligarquías locales por salvar a la Humanidad de las condiciones inaceptables de pobreza y explotación.

11. El Che es inmortal, sus ideas, sus acciones, su disposición humanista y revolucionaria hacia los pueblos del mundo es por siempre. El Che era firme en el contexto de encontrar la muerte en cualquier momento con una diferencia sustancial de situaciones o condiciones normales, es decir, para el Che se trataba de la lucha armada y rebelión popular armada de los pueblos, de millones de hombres y mujeres en África, Asia y América Latina y el Cribe. Estos millones de personas han tenido al Che como el mejor ejemplo concreto por seguir y liberarse de la explotación imperialista. Esto mencionó el Che en su mensaje a la conferencia de solidaridad con los pueblos de África, Asia y América Latina y el Caribe. El mensaje del Che a los pueblos del mundo ha sido llevar a cabo una revolución popular armada y socialista. Lo cual significa su batalla principal ideológica y política contra el reformismo soviético y otras interpretaciones erróneas al Marxismo revolucionario y crítico de Marx, Engels y Lenin.

«No es que consideremos que en el orden práctico de la lucha revolucionaria su muerte haya de tener una inmediata repercusión, que en el orden práctico del desarrollo de la lucha su muerte pueda tener una repercusión inmediata. Pero es que el Che, cuando empuñó de nuevo las armas, no estaba pensando en una victoria inmediata, no estaba pensando en un triunfo rápido frente a las fuerzas de las oligarquías y del imperialismo. Su mente de combatiente experimentado estaba preparada para una lucha prolongada de 5, de 10, de 15, de 20 años si fuera necesario. ¡El estaba dispuesto a luchar cinco, diez, quince, veinte años, toda la vida si fuese necesario ! […] Che era un hombre de pensamiento profundo, de inteligencia visionaria, un hombre de profunda cultura. Es decir que reunía en su persona al hombre de ideas y al hombre de acción». [6]

12. Esta forma de pensamiento revolucionario y socialista es una fuerza invencible. El Che pensaba como los revolucionarios cubanos que la lucha armada, la guerra de guerrillas y revolucionaria era y es un medio y no un fin. Lo más importante es la revolución y la causa revolucionaria, es decir, las ideas revolucionarias, los sentimientos revolucionarios, los objetivos revolucionarios, y las virtudes revolucionarias. Esto significa la batalla de las ideas en la preparación ideológica, la preparación de la inteligencia revolucionaria, es decir, concientizar a los pueblos, trabajadores y campesinos en estos sentimientos rebeldes y revolucionarios para poder liberarse de la dominación ideológica del capitalismo e imperialismo. Esto hay que utilizar en movimientos sociales, críticos, la sociedad civil para combatir ideológicamente a la decadencia capitalista. El Che combinaba perfectamente la teoría y la práctica, lo cual es una de las bases del pensamiento marxista revolucionario y crítico del siglo XX y XXI. El Che era un hombre íntegro, con sinceridad absoluta, honradez suprema, totalmente limpio y un verdadero modelo y virtudes revolucionario. El Che era un hombre de cualidad de corazón, un hombre extraordinario humano y sensible. El Che tenía un carácter y voluntad de acero como revolucionario socialista.

El Che es un símbolo de resistencia, su lucha, sus obras, sus estudios, sus escritos e investigaciones, sus narraciones, su seriedad, su profundidad son un legado para las futuras generaciones de hombres y mujeres revolucionarios, realmente se trata de un pensamiento clásico revolucionario socialista. El Che dejó toda esa inteligencia vigorosa y profunda, dejó infinidad de recuerdos, e infinidad de relatos que nos ha ayudado a luchar y salir adelante. El Che era un trabajador infatigable, cuando trabajó para el pueblo cubano, no conoció un solo día de descanso. El Che representó a Cuba socialista en muchas conferencias internacionales, era el trabajador modelo en Cuba frente de cualquier tarea en las instituciones gubernamentales de la Isla. Fue Presidente del Banco Nacional, director de la Junta de Planificación, Ministro de Industrias, Comandante de regiones militares, jefe de delegaciones políticas, económicas y de tipo fraternal, entre otros cargos. El Che era un trabajador incansable, un lector infatigable, y dedicaba sus días de descanso al trabajo voluntario, es decir, todo esto animaba a cientos de miles de cubanos a tomar al Che como su ejemplo a seguir.

«Trabajador infatigable, en los años que estuvo al servicio de nuestra patria no conoció un solo día de descanso. Fueron muchas las responsabilidades que se le asignaron: como Presidente del Banco Nacional, como director de la Junta de Planificación, como Ministro de Industrias, como Comandante de regiones militares, como jefe de delegaciones de tipo político, o de tipo económico, o de tipo fraternal. […] Y como revolucionario, como revolucionario comunista, verdaderamente comunista, tenía una infinita fe en los valores morales, tenía una infinita fe en la conciencia de los hombres. Y debemos decir que en su concepción vio con absoluta claridad en los resortes morales la palanca fundamental de la construcción del comunismo en la sociedad humana». [7]

Las obras del Che, el pensamiento político, revolucionario y socialista del Che tendrán un valor permanente en el proceso revolucionario cubano, de América Latina y el Caribe y el mundo entero. Esto significa que sus acciones, sus virtudes morales, su sensibilidad humana, su conducta colectivista tenderán un valor, y aceptación universal en el siglo XX y XXI.

«Nos dejó su pensamiento revolucionario, nos dejó sus virtudes revolucionarias, nos dejó su carácter, su voluntad, su tenacidad, su espíritu de trabajo. En una palabra, ¡nos dejó su ejemplo ! ¡Y el ejemplo del Che debe ser un modelo para nuestro pueblo, el ejemplo del Che debe ser el modelo ideal para nuestro pueblo!» [8]

13. El imperialismo estadounidense cuando asesinó al Che físicamente cuando estaba herido, pensó que había eliminado su ejemplo revolucionario y socialista. El imperialismo tenía tanto miedo del Che que quemaron su cuerpo, demuestra que no estaban convencidos que habían eliminado al Che, sus ideas y su ejemplo. El Che cayó en combate por los intereses y causas de los explotados, los oprimidos, los esclavizados, los pobres, y los humildes del continente por el imperialismo estadounidense. Este tipo de hombres como Che con sus acciones a favor de los pueblos, quedarán siempre en el corazón de los pueblos del mundo. Esto no agrada al enemigo imperialista. Los pueblos del continente están convencidos y luchan por llevar a cabo los ideales del Che, es decir, el socialismo revolucionario. Porque el Che dejó un gran patrimonio al mundo, y mucha gente que conoce al Che será heredera de tal patrimonio. En Cuba socialista todos queremos ser el Che y seguir con su espíritu revolucionario, menciona Fidel Castro. Hay que subrayar que ningún hombre como el Che ha llevado a su nivel más alto el espíritu internacional proletario. El Che es el mejor internacionalista proletario, donde han desaparecido las barreras, los chovinismos, los prejuicios, y los egoísmos. El Che luchó en Bolivia, y derramó su sangre por los pueblos de África, América Latina y el Caribe, y Viet Nam, combatiendo a las oligarquías, al imperialismo como su más alta expresión de la solidaridad internacionalista y socialista. Por eso el pueblo cubano tendrá el ejemplo del Che como la inspiración de lucha revolucionaria, la inspiración en la tenacidad, la inspiración en la intransigencia contra el enemigo imperialista y sobre todo, en el sentimiento internacionalista. Por eso el pueblo cubano es agradecido del Che, muestra su multitudinario reconocimiento de su ejemplo, honra la memoria de los valientes revolucionarios que caen en el combate, y Cuba se solidariza con la lucha revolucionaria, y el pueblo cubano dice al Che y a los héroes que combatieron con él y cayeron junto a él: «¡Hasta la victoria siempre ! ¡Patria o Muerte ! ¡Venceremos ! » [9]

 

Conclusiones

 

La importancia y vigencia de las obras, el ejemplo y el pensamiento revolucionario, rebelde, humanista, solidario, antisistémico, antiimperialista y socialista de Ernesto Che Guevara en pleno siglo XXI para los movimientos sociales, obreros, campesinos, estudiantiles, rebeldes, anticapitalistas y de liberación nacional por cambios profundos democráticos, revolucionarios y prosocialistas a nivel mundial como una fuente crítica y de optimismo, debe ser visto en el contexto de cinismo y odio de las clases dominantes capitalistas en todo el planeta y, sobre todo, el imperialismo estadounidense. Por eso le damos nuestro apoyo y reconocimiento a la UNESCO de aceptar y reconocer la vigencia del socialismo revolucionario y crítico Guevarista de corte americanista y caribeño en nuestro tiempo. Es una victoria histórica del pensamiento revolucionario y socialista.

 

Hassan Dalband es doctor en Ciencia Política de la Universidad de La Habana, Cuba. Actualmente es profesor investigador en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México.

 

Notas

 

[1] «El Che en la memoria de la humanidad», Disamis Arcia Muñoz, 2013-06-12, Ocean Sur, Cuba. La palabra Che significa Gente en los idiomas Quechua, Mapuche y Tehuelche, y significa hombre en Guaraní. Véase las obras de Ernesto Che Guevara.
[2] Ibíd
[3] Ibíd
[4] El Pensamiento del Che Guevara, Michael Lowy, Editorial XXI, 16° edición, México.
[5] Discurso pronunciado por el Comandante Fidel Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Primer Ministro del gobierno revolucionario, en la velada solemne en memoria del Comandante Ernesto Che Guevara, en la Plaza de la Revolucion, el 18 de octubre de 1967 (Departamento de versiones taquigráficas del gobierno revolucionario) Cuba.
[6] Ibíd., p.12.
[7] Ibíd., pp. 13-14.
[8] Ibíd., p. 15.
[9] Ibíd., p. 17.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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