Liceo República de Brasil

 

 

 

 

 

  Pablo Neruda Premio Nobel

 



Ricardo Eliecer Neftalí Reyes Basoalto
Reseña biográfica

 

Pablo Neruda (Parral, 12 de julio de 1904 – Santiago, 23 de septiembre de 1973). Poeta, escritor, diplomático y político del Partido Comunista. Senador por la Primera Agrupación Provincial "Tarapacá y Antofagasta", para el período 1945-1953. Pre-candidato presidencial por el Partido Comunista para las elecciones de 1970. Fue cónsul particular de elección en Rangún y cónsul de elección en Colombo y en Batavia. Además, cónsul de elección en Buenos Aires, cónsul honorario adscrito al Consulado General de Chile en Barcelona, cónsul agregado de la embajada de Chile en Madrid, cónsul en París y cónsul general en México. Fue embajador de Chile en Francia en el gobierno de Salvador Allende. El 10 de diciembre de 1971 recibió el Premio Nobel de Literatura.

 

Familia y juventud

 

Nació el 12 de julio de 1904 en Parral. Su padre, José del Carmen Reyes, fue obrero, trabajó en los diques del puerto de Talcahuano y fue maquinista ferroviario en Temuco. Su madre, Rosa Neftalí Basoalto Opazo, profesora en la Escuela Nº 2 de Niñas de Parral, murió de tuberculosis cuando Neruda tenía un mes de vida.

 

Luego de quedar huérfano de madre, pasó los dos primeros años de vida con su abuelo paterno, José Ángel Reyes Hermosilla. Su madre de lactancia fue María Luisa Leiva, una vecina que había sido madre recientemente.

En 1906, se trasladó a Temuco junto a su padre, quien se había casado con Trinidad Candia Marverde, a quien el niño bautizó como su "Mamadre". Tuvo otros dos hermanos: Rodolfo Reyes Candia (nacido en 1895) y Laura Reyes Tolrá (nacida en 1907).

 

El 6 de diciembre de 1930, se casó con María Antonieta Hagenaar Vogelzanz con quien tuvo una hija, Malva Marina Trinidad, nacida en 1934. La niña murió en 1943 a los ocho años, aquejada de hidrocefalia. La pareja se separó en 1936 y se divorciaron en México en 1942.

El 2 de julio de 1943 se casó en México con Delia del Carril, de quien se separó en 1955. Su tercera esposa fue Matilde Urrutia, con quien contrajo matrimonio el 28 de octubre de 1966 hasta su muerte, en septiembre de 1973.

 

Estudios y vida laboral

 

En 1910, ingresó al Liceo de Hombres de Temuco donde realizó todos sus estudios hasta terminar el Sexto Año de Humanidades en 1920. En aquella época su mejor amigo fue Gilberto Concha Riffo, quien a futuro tomaría el seudónimo de Juvencio Valle. Su vida en Temuco y el entorno natural influyeron decisivamente en su sensibilidad que fue marcada por el clima, la lluvia, los bosques, los lagos, ríos, montañas, colonos y las comunidades indígenas de la zona.

 

El 18 de julio de 1917 se publicó por primera vez una obra de su autoría: el artículo "Entusiasmo y perseverancia", que apareció en el diario La Mañana de Temuco. También participó en la revista estudiantil Claridad y en Andamios y Nuevos Rumbos. En 1918, la revista Corre-Vuela de Santiago -en su número 566 del 30 de noviembre-, publicó el poema "Mis ojos". Hasta fines de ese año la misma revista publicó otros tres poemas de su autoría. También colaboró en la revista literaria Selva Oscura de Temuco, en revistas de Chillán y Valdivia, y participó en los Juegos Florales del Maule donde su poema "Nocturno ideal" obtuvo el tercer premio.

 

Entre 1919 y 1922, escribió artículos que fueron publicados en La Mañana y el Diario Austral de Temuco; la Revista Cultural de Valdivia; Ratos Ilustrados de Chillán y en revistas literarias de los estudiantes de Temuco.

 

En 1920, presidió el Ateneo Literario del Liceo de Temuco y fue prosecretario de la Asociación de Estudiantes de Cautín. Además, preparó dos libros que fueron publicados: Las ínsulas extrañas y Los cansancios inútiles. Ese mismo año conoció a Gabriela Mistral, que llegó a Temuco como directora del Liceo de Niñas de la ciudad. La poetisa tuvo una fuerte influencia en su vida y en su formación literaria. A fines de ese mismo año adoptó el seudónimo de Pablo Neruda (octubre de 1920); obtuvo el primer premio en la Fiesta de la Primavera de Temuco (28 de noviembre); y egresó del Liceo de Hombres de Temuco.

 

En 1921, finalizado sus estudios, viajó a Santiago para seguir la carrera de Pedagogía en Francés en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile. El 14 de octubre de ese año obtuvo el primer premio en el Concurso de la Federación de Estudiantes de Chile (Fech) por su poema “La canción de la fiesta”, que fue publicado en la revista Juventud de la Fech. También se enamoró de su compañera de estudios Albertina Azócar, a quien dedicó su libro más conocido Veinte poemas de amor y una canción desesperada.

 

En 1922, colaboró con la revista Claridad, órgano publicitario oficial de la Fech. En octubre, figuró en la revista Los Tiempos de Montevideo, que dedicó un número a la joven poesía chilena.

 

En 1923, publicó Crepusculario; la revista Dionysios publicó cuatro de sus poesías; y aparecieron cuarenta y dos colaboraciones suyas en la revista Claridad. Volvió al sur y permaneció en la localidad de Puerto Saavedra durante los meses de verano, donde continuó con su formación literaria. En 1924, durante sus vacaciones de verano en la costa de Bajo Imperial, escribió parte de sus Veinte poemas de amor y una canción desesperada, que fue editado en junio del mismo año. También publicó en el diario La Nación una carta donde explicó el proceso de creación de Veinte poemas de amor.

 

 

En 1925, dirigió y editó la revista Caballo de Bastos -publicada en Santiago-; colaboró en las publicaciones literarias Andamios, Alí Babá, Dínamo, Renovación y en el diario La Nación; y escribió la que sería su única novela: El habitante y su esperanza. Hacia fines de año, se trasladó a vivir a Ancud. En 1926, se editó su libro Tentativa del hombre infinito y fue publicado Anillos, escrito en conjunto con Tomás Lago. Además, la revista Atenea publicó los poemas “Dolencia” y “Tormentas” que luego formarían parte del libro Residencia en la Tierra.

 

En 1932, se publicó la segunda edición con el texto definitivo de Veinte poemas de amor y una canción desesperada.

 

En 1933, fue publicado El hondero entusiasta y Residencia en la Tierra. Asimismo, mientras desarrollaba sus labores consulares en Argentina, conoció al poeta español Federico García Lorca, con quien inició una larga amistad.

 

En 1935, recibió un homenaje en España con la publicación de un folleto titulado “Homenaje a Pablo Neruda de los poetas españoles. Tres cantos materiales”. Ese mismo año, fue delegado al Primer Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, realizado en París. También fue publicada la edición española de Residencia en la Tierra y fundó y dirigió la revista literaria Caballo verde para la poesía. Al año siguiente, se editó en Madrid, Primeros poemas de amor (veinte poemas); comenzó a escribir España en el Corazón; y editó la revista Los Poetas del Mundo Defienden al Pueblo Español.

 

En 1936, publicó anónimamente en la revista El mono azul, “Canto a las madres de los milicianos muertos”, su primer poema comprometido con la causa de la República española. Al año siguiente, debió abandonar España y dejar su cargo consular luego de que comenzara la Guerra Civil en ese país. Se trasladó a vivir temporalmente a Francia donde dictó una conferencia sobre Federico García Lorca, muerto ese mismo año. También inició la redacción de España en el corazón y editó la revista Los Poetas del Mundo Defienden al Pueblo Español.

 

En 1937, junto con publicar algunos poemas con contenido político de apoyo a España en revistas francesas, se publicó en Chile la primera edición de España en el corazón.

 

En 1938, nuevamente en Chile, escribió los primeros poemas del libro que a futuro tomaría el nombre de Canto general. Mientras que en España y Francia se publicaron ediciones del libro titulado España en el corazón, himno a las Glorias del Pueblo en Guerra. En 1939, publicó Las furias y las penas y fueron publicadas sus obras en Rusia y Francia.

 

En 1940, retornó a Chile donde se le tributó una gran recepción en Santiago. Continuó escribiendo Canto General de Chile, que luego tomaría el nombre de Canto General. A fines de ese año se trasladó a México con un cargo consular. Este país lo impactó fuertemente por su riqueza cultural, histórica y geográfica que quedó reflejada en su futura obra poética. Al año siguiente, visitó Guatemala.

 

En 1942, fue invitado a Cuba por el director de cultura del Ministerio de Educación. Aprovechando su estadía, dictó una serie de conferencias y sus obras fueron publicadas en diversas revistas literarias.

 

En 1943, viajó a Estados Unidos donde participó en actividades culturales como el programa La voz de las Américas, en Nueva York. También comenzó a circular una edición privada de Canto General de Chile con ejemplares firmados por él. Ese mismo año debió abandonar su cargo consular en México. En su viaje de retorno a Chile pasó por Panamá, Colombia y Perú, donde visitó Cuzco y Macchu Picchu. Esto será trascendental para las futuras modificaciones que desarrolló en su libro Canto General. Mientras tanto, en Chile dictó conferencias y se reunió con intelectuales y políticos. Al año siguiente, apareció la primea edición en inglés de Residencia en la Tierra y en Argentina se editaron los libros: Veinte poemas de amor y una canción desesperada y Residencia en la Tierra.

 

En 1945, recibió diversos homenajes de parte del PEN Club (Asociación Mundial de Escritores), la Alianza de Intelectuales y la Sociedad de Escritores de Chile. Viajó a Brasil donde se le ofreció una recepción en la Academia Brasileña de la Lengua y dictó conferencias en Sao Paulo y Río de Janeiro. En agosto, visitó Montevideo y Buenos Aires para dictar conferencias. A su retorno, comenzó a escribir Alturas de Macchu Picchu.

 

En 1946, se editó en Checoslovaquia, España en el corazón; en Copenhague y Estados Unidos, Residencia en la Tierra; y en Brasil, Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Además, al año siguiente, se editó Tercera Residencia en Argentina y sus conferencias fueron editadas por la Sociedad de Escritores de Chile.

 

En 1949, tuvo que abandonar Chile como exiliado del gobierno del presidente Gabriel González Videla. Viajó a Europa y visitó la Unión Soviética para asistir a los festejos del 150º aniversario de Alexander Puschkin. En ese mismo país, recibió un homenaje de la Unión de Escritores Soviéticos en Moscú. En julio, visitó Polonia y Hungría para asistir a actividades literarias. También fueron editados sus libros o selecciones de sus poemas en Alemania, Checoslovaquia, China, Dinamarca, Hungría, Estados Unidos, Unión Soviética, México, Cuba, Colombia, Guatemala y Argentina. Mientras que en Chile, comenzó a circular el texto Dulce patria.

 

 

En 1950, se publicó en México y Francia el Canto General y en Chile fueron realizadas dos ediciones clandestinas del mismo libro. Circularon nuevas ediciones de sus obras en Estados Unidos, China, Checoslovaquia, Polonia, Unión Soviética, Suecia, Rumania, India, Palestina y Siria.

 

En enero de 1951, en Santiago, fue realizado un homenaje auspiciado por la Sociedad de Escritores. Durante ese mismo año, dio recitales en Milán, Florencia, Praga y Turín. También viajó a Moscú donde visitó diversos lugares que a futuro se convirtieron en fuente para sus creaciones literarias. Durante 1952, fueron publicados Los Versos del Capitán en Italia y comenzó a escribir Odas Elementales.

 

En 1953, participó en la organización del Congreso Continental de la Cultura que se efectuó a fines de abril del mismo año. Asistieron Diego Rivera, Nicolás Guillén y Jorge Amado, entre otros destacados artistas e intelectuales. También fueron publicadas dos antologías: Todo el amor y Poesía política.

 

Durante el año 1954, viajó a Brasil para participar en el Primer Congreso Nacional de la Cultura; circuló la primera edición de Las uvas y el viento; la primera edición de Odas elementales y ediciones de sus libros en diferentes idiomas. Dictó conferencias en la Universidad de Chile y a mediados de año fue celebrado su cumpleaños número 50 con variados homenajes y actos culturales en su honor a los que asistieron escritores de todo el mundo. Las celebraciones culminaron con la inauguración de la Fundación Neruda y la donación de su biblioteca y su colección de caracolas marinas a la Universidad de Chile. Viajó a Europa nuevamente y en Moscú, participó en el Segundo Congreso de Escritores Soviéticos.

 

En 1955, fundó y dirigió la revista La Gaceta de Chile. Visitó la Unión Soviética, China, Polonia y Hungría, además de Italia, Finlandia y Francia. De regreso en América, dio recitales en Brasil y Montevideo. Se publicó el texto definitivo de su libro en prosa, Viajes. En 1956, circuló la primera edición de sus Obras completas, realizó recitales en Montevideo y Buenos Aires y fue nombrado presidente de la Sociedad de Escritores de Chile (Sech).

 

En 1957, viajó a Brasil y Ecuador. También estuvo en China, India, Birmania, Rangún y Colombo, donde participó en el Congreso Mundial de Partidarios de la Paz. Visitó Europa y los países de la órbita soviética, mientras trabaja en sus libros Estravagario y Cien sonetos de amor.

 

En 1958, comenzó a circular Estravagario, obra que marcó un cambio en su poesía. En 1959, se publicaron Navegaciones y regresos, y Cien sonetos de amor, y al año siguiente, comenzó a escribir Canción de gesta, que circuló a fines de ese mismo año. En 1961, se publicó Las piedras de Chile.

 

En 1962, viajó a Europa y recorrió varias ciudades italianas dando a conocer cinco de sus libros traducidos al italiano. También visitó Atenas, Estambul, Varna y Odessa. Fue editado Plenos poderes.

 

En 1964, apareció Memorial de Isla Negra. Su cumpleaños número 60 se celebró con un programa de homenajes organizado por la Universidad de Chile e inauguró un ciclo de conferencias sobre su obra organizado por la Biblioteca Nacional. Circuló su traducción y adaptación de Romeo y Julieta de William Shakespeare.

 

En 1965, asistió a la reunión del PEN Club en Hungría y junto a Miguel Ángel Asturias, escribió Comiendo en Hungría. Viajó a la Unión Soviética como jurado del Premio Lenin, que fue otorgado al poeta Rafael Alberti. También dictó conferencias y dio recitales. En Italia, participó en el Primer Encuentro Mundial de Poetas y en París, realizó lecturas de su poesía en La Sorbona. Finalmente, en Berlín Oriental participó en el Congreso Internacional de Escritores.

 

En 1966, comenzó a escribir la que sería su única obra de teatro: Fulgor y muerte de Joaquín Murieta. Viajó a Estados Unidos donde ofreció recitales en Nueva York, Berkeley y Washington. También participó en las reuniones del PEN Club y grabó un disco para la Biblioteca del Congreso de ese país. A su regreso, pasó por México donde ofreció recitales de poesía y Perú, donde dio recitales en Lima y Arequipa y fue recibido por el presidente peruano, Fernando Belaúnde Terry. En Chile se publicó Arte de pájaros y en España, Una casa en la arena.

 

En 1967, viajó a Europa y en mayo, asistió a las sesiones del jurado del Premio Lenin en Moscú y al IV Congreso de Escritores Soviéticos. Después participó en un encuentro de Poesía Internacional en Inglaterra. Apareció la primera edición de Fulgor y muerte de Joaquín Murieta y La Barcarola.

 

En 1968, inició un viaje por Brasil. Su itinerario incluyó: San Pablo, Belo Horizonte, Congonhas, Petrópolis, Ouro Preto, Salvador de Bahía y Brasilia. Se reunió con importantes escritores, músicos y artistas y participó de conferencias, homenajes e inauguraciones. Viajó a Colombia donde dio recitales en la Universidad Nacional y en la Academia Colombiana de la Lengua. Por los premios y condecoraciones que recibió de parte de Estados Unidos surgieron polémicas de Cuba y Venezuela. Fue publicado Las manos del día.

 

En 1968, en Chile, da un recital en el Estadio Nataniel, al que asistieron miles de personas. Luego fueron publicados los libros: Comiendo en Hungría; Sumario; La copa de sangre; la primera edición de Fin de mundo y Aún, en Chile.

 

En 1970, viajó a Moscú donde participó en las sesiones anuales del jurado del Premio Lenin y asistió a las festividades por el natalicio de Lenin. También fue al festival Wetminster Poetry en Londres y dio un recital en La Sorbonne. A su regreso, pasó por Venezuela, Caracas y Perú. Fueron publicados los libros Maremoto, La espada encendida, Las piedras del cielo y Veinte poemas de amor y una canción desesperada.

 

En 1971, viajó a la Isla de Pascua donde filmó escenas del documental Historia y geografía de Pablo Neruda. De este viaje nació el libro La rosa separada. En julio, comenzó a tener problemas de salud y fue operado de cáncer de próstata. Durante su convalecencia en Francia escribió Geografía infructuosa. El 21 de octubre le fue concedido el Premio Nobel de Literatura, que recibió en Estocolmo, Suecia, el 10 de diciembre de 1971.

 

 

En 1972, viajó a Londres y participó en el Festival Internacional de poesía. Paralelamente, trabajó en sus memorias con ayuda de su secretario Homero Arce. El 5 de diciembre regresó a Chile donde fue recibido con un gran homenaje en el Estadio Nacional de Santiago. Esta será su última aparición en público.

 

En 1972, viajó a Estados Unidos con ocasión del cincuentenario del PEN Club. Regresó a París donde sufrió una recaída y el 24 de abril partió a Moscú para consultar con médicos soviéticos. A mediados de julio fue sometido a una nueva intervención quirúrgica. Finalmente, regreso a Chile a fines de noviembre.

 

A fines de 1973, se publicó su primer libro póstumo: El mar y las campanas.

 

En 1974, fueron publicados seis libros póstumos: Libro de las preguntas, Elegía, Defectos escogidos, Jardín de invierno, 2000, El corazón amarillo, además de sus memorias, Confieso que he vivido.

 

 

Trayectoria política y pública

 

En 1927 fue nombrado cónsul particular de elección en Rangún, Birmania durante las presidencias de Emiliano Figueroa Larraín y Carlos Ibáñez del Campo. Inició su viaje en junio desde Buenos Aires con rumbo a Lisboa, Madrid, París, Marsella, Port Said, Djibouti, Colombo y Singapur. Todas estas experiencias las describió en crónicas que fueron publicados en el diario La Nación de Santiago.

 

En 1928, viajó a Indochina, visitó Saigón, Bangkok, Battambang y Beremberg. Continuó su viaje hacia China donde conoció Kowloon, Hong-Kong y Shanghái. Luego pasó a Japón para volver a Rangún. A fines de ese mismo año, fue nombrado cónsul de elección en Colombo, actual Sri Lanka. En 1929, viajó a Calcuta, India. Las experiencias que acumuló en los viajes que hizo por estas exóticas tierras lo impulsaron a escribir su libro de poemas Residencia en la Tierra.

 

En 1930, fue declarado cónsul en Batavia, isla de Java, por el presidente Carlos Ibáñez del Campo.

 

En 1931, asumió como cónsul en Singapur. Sin embargo, dejó su cargo al poco tiempo luego que el gobierno Ibáñez enfrentara una grave crisis económica tras la gran depresión. Llegó a Chile en 1932, tras dos meses de viaje. Una vez en Santiago, se integró a trabajar en la Biblioteca de Cancillería y poco tiempo después, pasó a formar parte del Departamento de Extensión Cultural del Ministerio del Trabajo.

 

En 1933, durante la presidencia de Arturo Alessandri Palma, fue nombrado cónsul de elección en Buenos Aires, Argentina y a fines de ese mismo año, gracias a las gestiones de Gabriela Mistral, fue designado cónsul honorario adscrito al Consulado General de Chile en Barcelona. Arribó a España en 1934 y a fines del mismo año, fue nombrado cónsul agregado de la embajada de Chile en Madrid, en paralelo a sus labores en Barcelona.

 

En 1935, fue nombrado cónsul particular de elección en Madrid, en reemplazo de Gabriela Mistral, por el presidente Arturo Alessandri Palma.

 

En 1936, comenzó la Guerra Civil Española. Al poco tiempo fue asesinado Federico García Lorca. Esto, unido a los bombardeos sobre Madrid, a la lucha desarrollada por el ejército republicano contra las fuerzas de Franco y a la muerte de otros de sus cercanos y personalidades del mundo cultural, lo impulsaron a comprometerse con el movimiento republicano. Por no haber mantenido su neutralidad como diplomático fue destituido, y el gobierno chileno cerró el Consulado pues España no entregaba garantías suficientes para su funcionamiento. Debió trasladarse a París desde donde realizó diversas gestiones para obtener otro cargo consular.

 

En 1937, desde Francia, comenzó a colaborar con distintas organizaciones de apoyo a la España Republicana y fundó, junto a César Vallejo, el Grupo Hispanoamericano de Ayuda a España. También pronunció un discurso ante el Congreso de las Naciones Americanas de París y desde la Asociación de Defensa de la Cultura, organizó un congreso internacional de escritores pro España republicana y contra el fascismo. A fines de ese mismo año regresó a Chile donde fundó y presidió la Alianza de Intelectuales de Chile para la Defensa de la Cultura.

 

En 1938, se unió a la campaña del candidato presidencial del Frente Popular, Pedro Aguirre Cerda por lo que recorrió el país y pronunció conferencias en su apoyo. Además, dirigió y apoyó la fundación de la Aurora de Chile, publicación editada por la Alianza de Intelectuales de Chile de corte cultural antifascista, que apoyó a los republicanos españoles y a la candidatura de Aguirre Cerda

 

En 1939, ya como presidente, Pedro Aguirre Cerda lo nombró cónsul en París encargado de la inmigración de los refugiados españoles que se encontraban en Francia. Antes de partir a Europa, viajó a Buenos Aires y Montevideo para recolectar fondos para la ayuda a los refugiados españoles y representó a la Alianza de Intelectuales de Chile en el Congreso Internacional de las Democracias que se celebró en Montevideo. Una vez en Francia, gestionó el viaje de cerca de dos mil refugiados españoles a Chile en el barco Winnipeg. A fines de ese mismo año, regresó a Chile.

 

En 1940, viajó a México donde fue nombrado Cónsul General por el presidente Aguirre Cerda. Al año siguiente, le otorgó una visa de ingreso a Chile al muralista mexicano David Alfaro Siqueiros, quien se encontraba encarcelado acusado de participar en un atentado contra el político ruso León Trotsky. Esta decisión hizo que la cancillería chilena lo suspendiera por un mes de su cargo. A fines de ese año, sufrió la agresión de un grupo pro nazi en la ciudad de Cuernavaca e inmediatamente recibió la adhesión de intelectuales de toda América.

 

En 1942, realizó la lectura del poema “Canto a Stalingrado”, que luego se difundió en carteles pegados por Ciudad de México. Este acto transformó su poesía en una herramienta política.

 

En 1943, durante los funerales de la madre de Luis Carlos Prestes -líder comunista brasileño que se encontraba encarcelado en Brasil- aludió al dictador brasilero Getulio Vargas en términos que fueron considerados injuriosos por su gobierno. Se le acusó de infringir la neutralidad política que debía observar. Por la presión del gobierno de Brasil para que fuera removido de su cargo y las críticas que recibió, decidió poner fin a su carrera diplomática.

El 18 de diciembre de 1944, fue designado candidato a senador por Tarapacá y Antofagasta con el apoyo del Partido Comunista de Chile, sin ser militante oficial del conglomerado.


Fue electo senador en las elecciones parlamentarias de 1945, por la 1ª Agrupación Provincial de Tarapacá y Antofagasta, para el período 1945-1953, por el Partido Progresista Nacional, denominación que ocuparon los comunistas en esos comicios, impedidos de usar su nombre original.

 

El 8 de julio de 1945, ingresó oficialmente al Partido Comunista de Chile, ocasión en que se organizó un acto en el Teatro Caupolicán de Santiago. En septiembre asistió a la inauguración del Quinto Congreso Regional del Partido Comunista de Chile en Coquimbo y en los meses de octubre y diciembre, participó en la organización del XIII Congreso Nacional del Partido Comunista de Chile.

 

En 1946, fue designado por la Unión de Partidos Democráticos de Chile -alianza electoral a la que pertenecía el Partido Comunista de Chile-, jefe nacional de propaganda de la campaña del candidato presidencial Gabriel González Videla. En su apoyo, publicó artículos en la prensa acuñando la frase “El pueblo lo llama Gabriel”. El 4 de septiembre del mismo año González Videla triunfó en las urnas. En su primer gabinete, incorporó a tres militantes comunistas en el gabinete.

 

Sin embargo, por factores de índole tanto nacional como internacional, González Videla cambió radicalmente su posición, rompiendo su alianza con el Partido Comunista, situación que no fue indiferente al senador Neruda.

 

Desde mediados del año 1947, el gobierno llevó a cabo una fuerte represión en contra de los trabajadores que se encontraban en huelga, represión que alcanzó al Partido Comunista, con gran presencia en el mundo sindical. Esta situación hizo a Neruda tomar la decisión de protestar ante el Senado.” La publicación en el diario El Nacional de Caracas “Carta íntima para millones de hombres” donde denunció la política represiva, demagógica y antipopular de González Videla. El texto tuvo repercusión internacional, pues fue reeditado en muchos países de América.

 

A fines de 1947, González Videla entabló una querella contra Neruda, acusándolo de los delitos de “ultraje a la nación e injurias y calumnias en contra del Presidente de la República”, lo que atentaría “contra la seguridad del Estado y el orden público”. Como corolario de esto, el 5 de enero de 1948 el senador Pablo Neruda fue desaforado por la Corte de Apelaciones. Sin embargo, permaneció en el Senado por algunas semanas más.

 

El 6 de enero de 1948, pronunció el discurso “Yo acuso” en el Senado. Al mes siguiente, fue desaforado por la Corte Suprema por injurias en contra del presidente de la República. Una semana más tarde, el 13 de enero de 1948, Neruda pronunció su último discurso en el Senado. Esta intervención tenía por objeto agradecer al presidente del Senado, Arturo Alessandri Palma, el gesto de dejarlo intervenir en el Hemiciclo el 6 de enero. A la vez, continuó defendiendo la línea oficial de su partido, catalogando su situación como “injusta”.

 

El 4 de febrero de 1948, la Corte de Apelaciones ordenó a la Policía de Investigaciones detenerlo, ante lo cual ingresa a la clandestinidad permaneciendo en esa condición alrededor de un año.

 

Encubierto, realizó dos intentos fallidos por salir de Chile hacia Argentina. Muchos países y artistas apoyaron y solidarizaron con su causa mediante discursos, artículos y la edición de sus obras. El 3 septiembre de 1948, el presidente González Videla promulgó la Ley de Defensa de la Democracia, que declaró la ilegalidad del Partido Comunista y lo excluyó de la vida política mediante restricciones a las libertades individuales, sindicales y de prensa.

 

En 1949, estuvo clandestino entre Santiago y localidades del sur de Chile hasta que finalmente en el verano de ese año logró cruzar a Argentina a caballo, usando una identidad falsa. Luego de pasar por San Martín de los Andes y Buenos Aires, viajó a Montevideo, también con una identidad falsa. Recién en abril de ese año consiguió llegar a París donde asistió al Primer Congreso Mundial de Partidarios de la Paz en el que lo nombraron miembro del Consejo Mundial de la Paz. En agosto, consiguió viajar a México donde participó en el Congreso Latinoamericano de Partidarios de la Paz.

 

En enero de 1950, caducó el permiso constitucional que tenía para ausentarse del país y de sus funciones como senador. El Senado autorizó el proyecto de ley que le otorgaba una prórroga por un año más, pero la Cámara de Diputados lo rechazó. En febrero, se comunicó la vacancia de su cargo y fueron convocadas elecciones extraordinarias para mayo del mismo año. En julio, el Tribunal Calificador de elecciones declaró electo en su reemplazo a Radomiro Tomic.

 

Entre el 16 al 22 de noviembre del mismo año, asistió al II Congreso Mundial de Partidarios de la Paz en Varsovia. Mientras que en Guatemala ofreció recitales y conferencias y fue homenajeado por el Gobierno y el Congreso. Tras lo cual, retornó a Europa y recorrió diversos países del continente. También viajó a India para entrevistarse con Jawaharlal Nehru, primer ministro de dicho país.

 

En enero de 1951, participó en el Congreso Mundial de la Paz en Roma. En mayo, estuvo en la celebración del Día Internacional del Trabajo en Moscú. En septiembre, formó parte de la delegación del Congreso Mundial de la Paz que tenía que entregar el Premio Internacional de la Paz a Sun Yat Sen. También participó en el Congreso Mundial de la Paz realizado en Viena.

 

En enero de 1952, el Ministerio del Interior de Italia ordenó su expulsión del país. Sin embargo, tras la fuerte presión y las masivas protestas de los habitantes, intelectuales y políticos, se revirtió la orden. Mientras en Chile, el movimiento de apoyo a su regreso comenzó a presionar al gobierno de Gabriel González Videla para que dejara sin efecto la orden de detención que existía en su contra. En julio de ese mismo año, inició su regreso a Chile para arribar a Santiago en agosto, donde fue recibido con un gran acto público.

 

Una vez en el país, comenzó a participar en diversas manifestaciones a favor de la campaña presidencial de Salvador Allende. En diciembre volvió a Europa para participar en el Congreso Mundial de la Paz, en Viena. Luego partió a Rusia a la celebración de un nuevo aniversario de la fundación de la Unión Soviética.

 

En marzo de 1953, participó en un acto organizado por el Partido Comunista que recordaba el duelo por la muerte de Stalin. En esa ocasión escribió el poema “En su muerte”. Luego volvió a Chile y en agosto, recorrió y dio discursos a los habitantes de la pampa salitrera de la zona de Antofagasta acompañado por los dirigentes comunistas Elías Lafertte y Salvador Ocampo. En diciembre, se le otorgó el Premio Stalin para la consolidación de la paz entre los pueblos.

 

En 1954 y 1955, participó en las reuniones del Consejo Mundial de la Paz realizadas en Estocolmo y Finlandia respectivamente. En 1956, se reincorporó a la actividad política cuando participó en una concentración de la izquierda contra el gobierno del general Carlos Ibáñez del Campo. Asimismo, se replanteó su relación con el Partido Comunista y sus líderes, optando por mantenerse en el conglomerado.

 

En 1957, viajó a Argentina para realizar una presentación de poesía. Fue detenido en Buenos Aires y permaneció en la Penitenciaría Nacional hasta que fue puesto en libertad mediante las gestiones del cónsul de Chile en Buenos Aires.

 

En 1958, se incorporó a la campaña del candidato a la presidencia Salvador Allende, realizando giras y concentraciones a lo largo de Chile. A fines de ese año, participo en el XI Congreso del Partido Comunista, donde fue elegido miembro del Comité Central.

 

En 1959, viajó por Venezuela durante varios meses y fue recibido con grandes honores. En la embajada de Cuba en ese país conoció a Fidel Castro. Una vez en Chile, continuó con sus actividades políticas y durante noviembre, viajó junto a una delegación del Partido Comunista a las ciudades de Rancagua, San Fernando, Parral y Linares.

 

En enero de 1961 se entrevistó con el presidente mexicano Adolfo López Mateos. Una vez en Chile, realizó una gira en apoyo a la campaña electoral de los candidatos al Congreso del Partido Comunista para las elecciones parlamentarias de marzo de ese año.

 

En 1962, durante un viaje por Europa, visitó Moscú para participar en el Congreso Mundial por el Desarme y la Paz. En 1963, intervino en diversos actos públicos y emisiones radiales con motivo de las elecciones municipales de ese año.

 

En 1964, realizó giras a lo largo del país para apoyar la tercera campaña presidencial de Salvador Allende.

 

En 1965, presidió el comando provincial de la candidatura a senador de Volodia Teitelboim para las elecciones parlamentarias de ese mismo año. También participó en diversos actos realizados con motivo de las elecciones parlamentarias que se celebrarían a principios de marzo. Luego, viajó a Europa y participó en el Congreso de Paz de Helsinki.

 

En 1969, viajó por el sur de Chile en apoyo a la campaña electoral del Partido Comunista de Chile para las elecciones parlamentarias. El 30 de septiembre el Partido Comunista de Chile lo nombró pre candidato a la Presidencia de la República, por lo que comenzó a realizar giras por el territorio nacional.

 

El 3 de enero de 1970, renunció a su pre candidatura a favor de Salvador Allende, quien asumió como candidato único de los partidos de la Unidad Popular. Luego viajó a Europa y a su regreso asumió un activo rol en la campaña presidencial de Allende, quien fue electo presidente el 4 de septiembre de ese mismo año.

 

El 21 de enero de 1971, el Senado de Chile aprobó su nombramiento por el presidente Allende como embajador de Chile en París. A fines de ese mes presentó sus cartas credenciales al presidente francés, George Pompidou. En abril, durante una entrevista con el canciller Maurice Schumann le expone las dificultades políticas y especialmente económicas por las que pasa Chile.

 

En 1972 participó en las reuniones del Club de París, fue huésped del XIII Congreso del Partido Comunista Italiano desarrollado en Milán y dictó una conferencia ante la Organización de las Naciones Unidas (Unesco). Durante la Conferencia General de esta institución fue nombrado miembro de su Consejo Consultivo por un periodo de cuatro años. En noviembre, regresó a Chile dejando en la Embajada de París a Jorge Edwards interinamente.

En febrero de 1973, renunció a su cargo como embajador en Francia por razones de salud. Al mes siguiente, pronunció un discurso de apoyo a los candidatos de la Unidad Popular para las elecciones parlamentarias. Asimismo, fue publicado su libro Incitación al nixonicidio y alabanza la revolución chilena, marcando su regreso a la poesía política.

 

Entre marzo y abril de 1973 es internado para ser tratado médicamente en Santiago y Valparaíso. El día de su cumpleaños número 69 entregó los originales de siete libros inéditos para que fueran publicados en 1974, al cumplir 70 años.

 

El 11 de septiembre de ese mismo año ocurre el golpe de Estado en Chile, la muerte del presidente Salvador Allende y la instauración de una Junta de Gobierno presidida por el general Augusto Pinochet. En su casa de Isla Negra, se enteró que muchos de sus amigos que fueron partidarios de la Unidad Popular son perseguidos, detenidos o piden asilo político en las embajadas. Su estado de salud empeora por lo que fue trasladado a Santiago donde muere el 23 de septiembre. Fue velado en La Chascona, su casa en Santiago, que había sido fuertemente saqueada por orden del régimen militar. Su funeral reunió a una gran multitud y se realizó bajo fuertes medidas de seguridad y en medio de protestas y homenajes por su muerte y la del presidente Allende.

 

En 1986 la Fundación Pablo Neruda adquirió plena existencia jurídica con la publicación en el Diario Oficial del Decreto Supremo 368 del Ministerio de Justicia, el día 4 de junio de 1986.

 

En diciembre de 1992, sus restos, junto a los de Matilde Urrutia fueron exhumados y velados en el Salón de Honor del ex Congreso Nacional para ser enterrados en su casa de Isla Negra.

 

En 2002, el presidente Ricardo Lagos Escobar creó una Comisión para conmemorar el Centenario de su Natalicio el que es celebrado dos años más tarde con diversas actividades alrededor del mundo.

 

Reconocimientos

 

En 1917 obtuvo el tercer premio en los Juegos Florales del Maule con su poema Nocturno ideal.

En octubre de 1920, adoptó el seudónimo de Pablo Neruda. El 28 de noviembre de ese mismo año obtuvo el primer premio en la Fiesta de la Primavera de Temuco.

En 1943, la Universidad de San Nicolás de Hidalgo de Morelia le otorgó el título de Doctor Honoris Causa.

En mayo de 1944, obtuvo el Premio Municipal de Literatura de Santiago.

El 24 de mayo de 1945, obtuvo el Premio Nacional de Literatura de Chile.
El 18 de enero de 1946, fue condecorado con la Orden del Águila Azteca por el gobierno de México.

En noviembre de 1950, recibió junto a otros artistas el Premio Internacional de la Paz por su poema "Que despierte el leñador".

En 1953 recibió el Premio Stalin para la Consolidación de la Paz entre los Pueblos.

El 20 de enero de 1959 fue declarado Huésped de Caracas. El 30 de noviembre de 1960 la Facultad de Filosofía y Educación de la Universidad de Chile lo nombró Miembro Académico Honorario. Su incorporación se realizó el 30 de marzo de 1962.

En 1961 las ciudades de Cañete, Lebu y Curanilahue lo declararon huésped ilustre y el Instituto de Lenguas Romances de la Universidad de Yale, de EE.UU., lo nombró miembro correspondiente.

En 1962 fue nombrado miembro académico de la Facultad de Filosofía y Educación de la Universidad de Chile. En 1965 se le otorgó el título de Doctor Honoris Causa en Filosofía y Letras de la Universidad de Oxford, título que se entregó por primera vez a un sudamericano.

El 18 de marzo de 1966 recibió la Medalla al mérito de la Sociedad Checoeslovaca de Relaciones Exteriores en casa del embajador de ese país en Santiago. Ese mismo año recibió en Perú la condecoración Sol del Perú, la Universidad de Concepción le concedió el Premio Atenea, y la Municipalidad de Valparaíso le concedió el título de Ciudadano Honorario.

En 1967 recibió el Premio Literario Internacional de Viaréggio-Versilia en Italia, que destacaba a personalidades mundiales que trabajaran por la cultura y el entendimiento entre los pueblos. A fines de ese mismo año recibió la medalla de Hijo Ilustre de Parral, su ciudad natal.

En 1968 fue nombrado miembro de la Academia Norteamericana de Artes y Letras; recibió en Chile la Medalla Joliot Curie del Consejo Mundial de la Paz; se incorporó en calidad de Miembro correspondiente a la Academia Internacional Rubén Darío; y fue nombrado doctorado Honoris Causa de la Universidad Kart Marx de Leipzig, RDA.

El 14 de abril de 1969 fue nombrado Miembro Honorario de la Academia Chilena de la Lengua. Ese mismo año recibió el grado académico de doctor Scientiae et Honoris Causa de la Pontificia Universidad Católica de Chile y el Senado lo condecoró como Hijo Ilustre de Chile.

El 21 de octubre de 1971 obtuvo el Premio Nobel de Literatura. Lo recibió el 10 de diciembre en Estocolmo.

En 1973, autorizó al Departamento de Ecología y evolución de la Universidad de Nueva York para que le pusieran su nombre a un género de mariposas americanas.

 

Parlamentario en el hemiciclo: Legislatura 1945 - 1953

 

En 1945, fue electo senador por la 1ª Agrupación Provincial de Tarapacá y Antofagasta gracias al apoyo del Partido Comunista (periodo 1945-1953). Entre 1945 y 1947, fue miembro de la Comisión Permanente de Relaciones Exteriores.

 

El 30 de mayo de 1945, en su primer discurso ante el Senado, recalcó que no era un literato haciendo política, sino que sería un político preocupado de defender los derechos e intereses de los trabajadores. En 1947, se le concedió una licencia para ausentarse de su cargo por un año. Al año siguiente, fue enjuiciado y desaforado, tras realizar fuertes declaraciones en contra del presidente Gabriel González Videla.


Fuente: Biblioteca del Congreso Nacional

https://www.bcn.cl/historiapolitica/resenas_parlamentarias/wiki/Ricardo_Eliecer_Neftal%C3%AD_Reyes_Basoalto

 

 

 

 

Discurso de Estocolmo
Pronunciado por Pablo Neruda con ocasión de la entrega del Premio Nobel de Literatura.

 

Mi discurso será una larga travesía, un viaje mío por regiones lejanas y antípodas, no por eso manos semejantes al paisaje y a las soledades del norte. Hablo del extremo sur de mi país. Tanto y tanto nos alejamos los chilenos hasta tocar con nuestros límites el Polo Sur, que nos parecemos a la geografía de Suecia, que roza con su cabeza el norte nevado del planeta.

 

Por allí, por aquellas extensiones de mi patria adonde me condujeron acontecimientos ya olvidados en sí mismos, hay que atravesar, tuve que atravesar los Andes buscando la frontera de mi país con Argentina. Grandes bosques cubren como un túnel las regiones inaccesibles, y como nuestro camino era oculto y vedado, aceptábamos tan sólo los signos más débiles de la orientación. No había huellas, no existían senderos y con mis cuatro compañeros a caballo buscábamos en ondulante cabalgata -eliminando los obstáculos de poderosos árboles, imposibles ríos, roqueríos inmensos, desoladas nieves, adivinando más bien- el derrotero de mi propia libertad. Los que me acompañaban conocían la orientación, la posibilidad entre los grandes follajes, pero para saberse más seguros montados en sus caballos marcaban de un machetazo aquí y allá las cortezas de los grandes árboles dejando huellas que los guiarían en el regreso, cuando me dejaran solo con mi destino.

 

Cada uno avanzaba embargado en aquella soledad sin márgenes, en aquel silencio verde y blanco, los árboles, las grandes enredaderas, el humus depositado por centenares de años, los troncos semiderribados que de pronto eran una barrera más en nuestra marcha. Todo era una naturaleza deslumbradora y secreta y a la vez una creciente amenaza de frío, nieve, persecución. Todo se mezclaba: la soledad, el peligro, el silencio y la urgencia de mi misión.

 

A veces seguíamos una huella delgadísima, dejada quizás por contrabandistas o delincuentes comunes fugitivos, e ignorábamos si muchos de ellos habían perecido, sorprendidos de repente por las glaciales manos del invierno, por las tormentas tremendas de nieve que, cuando en los Andes se descargan, envuelven al viajero, lo hunden bajo siete pisos de blancura.

 

A cada lado de la huella contemplé en aquella salvaje desolación, algo como una construcción humana. Eran trozos de ramas acumulados que habían soportado muchos inviernos, vegetal ofrenda de centenares de viajeros, altos túmulos de madera para recordar a los caídos, para hacer pensar en los que no pudieron seguir y quedaron allí para siempre debajo de las nieves. También mis compañeros cortaron con sus machetes la ramas que nos tocaban las cabezas y que descendían sobre nosotros desde la altura de las coníferas inmensas, desde los robles cuyo último follaje palpitaba antes de las tempestades del invierno. Y también yo fui dejando en cada túmulo un recuerdo, una tarjeta de madera, una rama cortada del bosque para adornar las tumbas de uno y otro de los viajeros desconocidos.

 

Teníamos que cruzar un río. Esas pequeñas vertientes nacidas en las cumbres de los Andes se precipitan, descargan su fuerza vertiginosa y atropelladora, se tornan en cascadas, rompen tierras y rocas con la energía y la velocidad que trajeron de las alturas insignes: pero esa vez encontramos un remanso, un gran espejo de agua, un vado. Los caballos entraron, perdieron pie y nadaron hacia la otra ribera. Pronto mi caballo fue sobrepasado casi totalmente por las aguas, yo comencé a mecerme sin sostén, mis piernas se afanaban al garete mientras la bestia pugnaba por mantener la cabeza al aire libre. Así cruzamos. Y apenas llegados a la otra orilla, los vaqueanos, los campesinos que me acompañaban me preguntaron con cierta sonrisa:


-¿Tuvo mucho miedo?
-Mucho. Creí que había llegado mi última hora -dije.
-Ibamos detrás de usted con el lazo en la mano -me respondieron.
-Ahí mismo -agregó uno de ellos- cayó mi padre y lo arrastró la corriente. No iba a pasar lo mismo con usted.

 

Seguimos hasta entrar en un túnel natural que tal vez abrió en las rocas imponentes un caudaloso río perdido, o un estremecimiento del planeta que dispuso en las alturas aquella obra, aquel canal rupestre de piedra socavada, de granito, en el cual penetramos. A los pocos pasos las cabalgaduras resbalaban, trataban de afincarse en los desniveles de piedra, se doblegaban sus patas, estallaban chispas en las herraduras: más de una vez me vi arrojado del caballo y tendido sobre las rocas. Mi cabalgadura sangraba de narices y patas, pero proseguimos empecinados el vasto, espléndido, el difícil camino.

 

Algo nos esperaba en medio de aquella selva salvaje. Súbitamente, como singular visión, llegamos a una pequeña y esmerada pradera acurrucada en regazo de las montañas: agua clara, prado verde, flores silvestres, rumor de ríos y el cielo azul arriba, generosa luz ininterrumpida por ningún follaje.

 

Allí nos detuvimos como dentro de un círculo mágico, como huéspedes de un recinto sagrado, y mayor condición de sagrada tuvo aún la ceremonia en la que participé. Los vaqueros bajaron de sus cabalgaduras. En el centro del recinto estaba colocada, como en un rito, una calavera de buey. Mis compañeros se acercaron silenciosamente, uno por uno, para dejar unas monedas y algunos alimentos en los agujeros de hueso. Me uní a ellos en aquella ofrenda destinada a toscos Ulises extraviados, a fugitivos de todas las raleas que encontrarían pan y auxilio en las órbitas del toro muerto.

 

Pero no se detuvo en este punto la inolvidable ceremonia. Mis rústicos amigos se despojaron de sus sombreros e iniciaron una extraña danza, saltando sobre un solo pie alrededor de la calavera abandonada, repasando la huella circular dejada por tantos bailes de otros que por allí cruzaron antes. Comprendí entonces de una manera imprecisa, al lado de mis impenetrables compañeros, que existía una comunicación de desconocido a desconocido, que había una solicitud, una petición y una respuesta aun en las más lejanas y apartadas soledades de este mundo.

 

Más lejos, ya a punto de cruzar las fronteras que me alejarían por muchos años de mi patria, llegamos de noche a las últimas gargantas de las montañas. Vimos de pronto una luz encendida que era indicio cierto de habitación humana y, al acercarnos, hallamos unas desvencijadas construcciones, unos destartalados galpones al parecer vacíos. Entramos a uno de ellos y vimos, al claror de la lumbre, grandes troncos encendidos en el centro de la habitación, cuerpos de árboles gigantes que allí ardían de día y de noche y que dejaban escapar por las hendiduras del techo un humo que vagaba en medio de las tinieblas como un profundo velo azul. Vimos montones de quesos acumulados por quienes los cuajaron a aquellas alturas. Cerca del fuego, agrupados como sacos, yacían algunos hombres. Distinguimos en el silencio las cuerdas de una guitarra y las palabras de una canción que, naciendo de las brasas y de la oscuridad, nos traía la primera voz humana que habíamos topado en el camino. Era una canción de amor y de distancia, un lamento de amor y de nostalgia dirigido hacia la primavera lejana, hacia las ciudades de donde veníamos, hacia la infinita extensión de la vida. Ellos ignoraban quienes éramos, ellos nada sabían del fugitivo, ellos no conocían mi poesía ni mi nombre. ¿O lo conocían, nos conocían? El hecho real fue que junto a aquel fuego cantamos y comimos, y luego caminamos dentro de la oscuridad hacia unos cuartos elementales. A través de ellos pasaba una corriente termal, agua volcánica donde nos sumergimos, calor que se desprendía de las cordilleras y nos acogió en su seno.

 

Chapoteamos gozosos, cavándonos, limpiándonos el peso de la inmensa cabalgata. Nos sentimos frescos, renacidos, bautizados, cuando al amanecer emprendimos los últimos kilómetros de jornada que me separarían de aquel eclipse de mi patria. Nos alejamos cantando sobre nuestras cabalgaduras, plenos de un aire nuevo, de un aliento que nos empujaba al gran camino del mundo que me estaba esperando. Cuando quisimos dar (lo recuerdo vivamente) a los montañeses algunas monedas de recompensa por las canciones, por los alimentos, por las aguas termales, por el techo y los lechos, vale decir, por el inesperado amparo que nos salió al encuentro, ellos rechazaron nuestro ofrecimiento sin un ademán. Nos habían servido y nada más. Y en ese "nada más", en ese silencioso nada más había muchas cosas subentendidas, tal vez el reconocimiento, tal vez los mismos sueños.

 

Señoras y Señores:

 

Yo no aprendí en los libros ninguna receta para la composición de un poema: y no dejaré impreso a mi vez ni siquiera un consejo, modo o estilo para que los nuevos poetas reciban de mí alguna gota de supuesta sabiduría. Si he narrado en este discurso ciertos sucesos del pasado, si he revivido un nunca olvidado relato en esta ocasión y en este sitio tan diferente a lo acontecido, es porque en el curso de mi vida he encontrado siempre en alguna parte la aseveración necesaria, la fórmula que me aguardaba, no para endurecerse en mis palabras sino para explicarme a mí mismo.

 

En aquella larga jornada encontré las dosis necesarias a la formación del poema. Allí me fueron dadas las aportaciones de la tierra y del alma. Y pienso que la poesía es una acción pasajera o solemne en que entran por parejas medidas la soledad y la solidaridad, el sentimiento y la acción, la intimidad de uno mismo, la intimidad del hombre y la secreta revelación de la naturaleza. Y pienso con no menor fe que todo está sostenido -el hombre y su sombra, el hombre y su actitud, el hombre y su poesía- en una comunidad cada vez más extensa, en un ejercicio que integrará para siempre en nosotros la realidad y los sueños, porque de tal manera los une y los confunde. Y digo de igual modo que no sé, después de tantos años, si aquellas lecciones que recibí al cruzar un río vertiginoso, al bailar alrededor del cráneo de una vaca, al bañar mi piel en el agua purificadora de las más altas regiones, digo que no sé si aquello salía de mí mismo para comunicarse después con muchos otros seres, o era el mensaje que los demás hombres me enviaban como exigencia o emplazamiento. No sé si aquello lo viví o lo escribí, no sé si fueron verdad o poesía, transición o eternidad, los versos que experimenté en aquel momento, las experiencias que canté más tarde.

 

De todo ello, amigos, surge una enseñanza que el poeta debe aprender de los demás hombres. No hay soledad inexpugnable. Todos los caminos llevan al mismo punto: a la comunicación de lo que somos. Y es preciso atravesar la soledad y la aspereza, la incomunicación y el silencio para llegar al recinto mágico en que podemos danzar torpemente o cantar con melancolía; mas en esa danza o en esa canción están consumados los más antiguos ritos de la conciencia: de la conciencia de ser hombres y de creer en su destino común.

 

En verdad, si bien alguna o mucha gente me consideró un sectario, sin posible participación en la mesa común de la responsabilidad, no quiero justificarme, no creo que las acusaciones ni las justificaciones tengan cabida entre los deberes del poeta. Después de todo, ningún poeta administró la poesía, y si alguno de ellos se detuvo a acusar a sus semejantes, o si otro pensó que podría gastarse la vida defendiéndose de recriminaciones razonables o absurdas, mi convicción es que sólo la vanidad es capaz de desviarnos hasta tales extremos. Digo que los enemigos de la poesía no están entre quienes la profesan o resguardan, sino en la falta de concordancia del poeta. De ahí que ningún poeta tenga más enemigo esencial que su propia incapacidad para entenderse con los más ignorados y explotados de sus contemporáneos; y esto rige para todas las épocas y para todas las tierras.

 

El poeta no es un "pequeño dios". No, no es un "pequeño dios". No está signado por un destino cabalístico superior al de quienes ejercen otros menesteres y oficios. A menudo expresé que el mejor poeta es el hombre que nos entrega el pan de cada día: el panadero más próximo, que no se cree dios. El cumple su majestuosa y humilde faena de amasar, meter al horno, dorar y entregar el pan de cada día, con una obligación comunitaria. Y si el poeta llega a alcanzar esa sencilla conciencia, podrá también la sencilla conciencia convertirse en parte de una colosal artesanía, de una construcción simple o complicada, que es la construcción de la sociedad, la transformación de las condiciones que rodean al hombre, la entrega de la mercadería: pan, verdad, vino, sueños. Si el poeta se incorpora a esa nunca gastada lucha por consignar cada uno en manos de los otros su ración de compromiso, su dedicación y su ternura al trabajo común de cada día y de todos los hombres, el poeta tomará parte en el sudor, en el pan, en el vino, en el sueño de la humanidad entera. Sólo por ese camino inalienable de ser hombres comunes llegaremos a restituirle a la poesía al anchuroso espacio que le van recortando en cada época, que le vamos recortando en cada época nosotros mismos.

 

Los errores que me llevaron a una relativa verdad, y las verdades que repetidas veces me condujeron al error, unos y otras no me permitieron -ni yo lo pretendí nunca- orientar, dirigir, enseñar lo que se llama el proceso creador, los vericuetos de la literatura. Pero sí me di cuenta de una cosa: de que nosotros mismos vamos creando los fantasmas de nuestra propia mitificación. De la argamasa de lo que hacemos, o queremos hacer, surgen más tarde los impedimentos de nuestro propio y futuro desarrollo. Nos vemos indefectiblemente conducidos a la realidad y al realismo, es decir a tomar una conciencia directa de lo que nos rodea y de los caminos de la transformación, y luego comprendemos, cuando parece tarde, que hemos construido una limitación tan exagerada que matamos lo vivo en vez de conducir la vida a desenvolverse y florecer. Nos imponemos un realismo que posteriormente nos resulta más pesado que el ladrillo de las construcciones, sin que por ello hayamos erigido el edificio que contemplábamos como arte integral de nuestro deber. Y en sentido contrario, si alcanzamos a crear el fetiche de lo incomprensible (o de lo comprensible para unos pocos), el fetiche de lo selecto y de lo secreto, si suprimimos la realidad y sus degeneraciones realistas, nos veremos de pronto rodeados de un terreno imposible, de una tembladera de hojas, de barro, de nubes, en que se hunden nuestros pies y nos ahoga una incomunicación opresiva.

 

En cuanto a nosotros en particular, escritores de la vasta extensión americana, escuchamos sin tregua el llamado para llenar ese espacio enorme con seres de carne y hueso. Somos conscientes de nuestra obligación de pobladores y -al mismo tiempo que nos resulta esencial el deber de una comunicación crítica en un mundo deshabitado y, no por deshabitado menos lleno de injusticias, castigos y dolores- sentimos también el compromiso de recobrar los antiguos sueños que duermen en las estatuas de piedra, en los antiguos monumentos destruidos, en los anchos silencios de pampas planetarias, de selvas espesas, de ríos que cantan como truenos. Necesitamos colmar de palabras los confines de un continente mudo y nos embriagaba esta tarea de fabular y de nombrar. Tal vez esa sea la razón determinante de mi humilde caso individual; y en esa circunstancia mis excesos, o mi abundancia, o mi retórica, no vendrían a ser sino actos, los más simples, del menester americano de cada día. Cada uno de mis versos quiso instalarse como un objeto palpable: cada uno de mis poemas pretendió ser un instrumento útil de trabajo: cada uno de mis cantos aspiró a servir en el espacio como signos de reunión donde se cruzaron los caminos, o como fragmentos de piedra o de madera en que alguien, otros, los que vendrán, pudieran depositar los nuevos signos.

 

Extendiendo estos deberes del poeta, en la verdad o en el error, hasta sus últimas consecuencias, decidí que mi actitud dentro de la sociedad y ante la vida debía ser también humildemente partidaria. Lo decidí viendo gloriosos fracasos, solitarias victorias, derrotas deslumbrantes. Comprendí, metido en el escenario de las luchas de América, que mi misión humana no era otra sino agregarme a la extensa fuerza del pueblo organizado, agregarme con sangre y alma; con pasión y esperanza, porque sólo de esa henchida torrentera pueden nacer los cambios necesarios a los escritores y a los pueblos. Y aunque mi posición levantara o levante objeciones amargas o amables, lo cierto es que no hallo otro camino para el escritor de nuestros anchos y crueles países, si queremos que florezca la oscuridad, si pretendemos que los millones de hombres que aún no han aprendido a leernos ni a leer, que todavía no saben escribir ni escribirnos se establezcan en el terreno de la dignidad sin la cual no es posible ser hombres integrales.

 

Heredamos la vida lacerada de pueblos que arrastran un castigo de siglos, pueblos los más edénicos, los más puros, los que construyeron con piedras y metales torres milagrosas, alhajas de fulgor deslumbrante, pueblos que de pronto fueron arrasados y enmudecidos por las épocas terribles del colonialismo que aún existe. Nuestras estrellas primordiales son la lucha y la esperanza. Pero no hay lucha ni esperanzas solitarias. En todo hombre se juntan las épocas remotas, la inercia, los errores, las pasiones, las urgencias de nuestro tiempo, la velocidad de la historia. Pero, ¿qué sería de mí si yo, por ejemplo, hubiera contribuido en cualquiera forma al pasado feudal del gran continente Americano? ¿Cómo podría yo levantar la frente, iluminada por el honor que Suecia me ha otorgado, si no me sintiera orgulloso de haber tomado una mínima parte en la transformación actual de mi país? Hay que mirar el mapa de América, enfrentarse a la grandiosa diversidad, a la generosidad cósmica del espacio que nos rodea, para entender que muchos escritores se niegan a compartir el pasado de oprobio y de saqueo que oscuros dioses destinaron a los pueblos americanos.

 

Yo escogí el difícil camino de una responsabilidad compartida y, antes de reiterar la adoración hacia el individuo como sol central del sistema, preferí entregar con humildad mi servicio a un considerable ejército que a trechos puede equivocarse, pero que camina sin descanso y avanza cada día enfrentándose tanto a los anacrónicos recalcitrantes como a los infatuados impacientes. Porque creo que mis deberes de poeta no sólo me indicaban la fraternidad con la rosa y la simetría, con el exaltado amor y con la nostalgia infinita, sino también con las ásperas tareas humanas que incorporé a mi poesía.

 

Hace hoy cien años exactos, un pobre y espléndido poeta, el más atroz de los desesperados, escribió esta profecía: A l'aurore, armés d'une ardente patience, nous entrerons aux splendides Villes. (Al amanecer, armados de una ardiente paciencia, entraremos a las espléndidas ciudades).

 

Yo creo en esa profecía de Rimbaud, el vidente. Yo vengo de una oscura provincia, de un país separado de todos los otros por la tajante geografía. Fui el más abandonado de los poetas y mi poesía fue regional, dolorosa y lluviosa. Pero tuve siempre confianza en el hombre. No perdí jamás la esperanza. Por eso tal vez he llegado hasta aquí con mi poesía, y también con mi bandera.

 

En conclusión, debo decir a los hombres de buena voluntad, a los trabadores, a los poetas que el entero porvenir fue expresado en esa frase de Rimbaud: sólo con una ardiente paciencia conquistaremos la espléndida ciudad que dará luz, justicia, dignidad a todos los hombres.

 

Así la poesía no habrá cantado en vano.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Construyendo humanidad para un mundo en constante cambio